La República Dominicana vivió un momento inolvidable en la vestidura de Los 50 Mejores Restaurantes De América Latinacelebrada anoche en Guatemala.
Allí, la chef Inés Páez Nin –chef tita– se convirtió en la gran protagonista cuando subió al tablado, bandera dominicana en mano, para admitir uno de los reconocimientos más inspiradores de la plataforma.

De inmediato, el notorio la ovacionó, celebrando un hito que reafirma el crecimiento y la identidad culinaria del país.
Y otorgar qué abre puertas
Para nacer, chef tita fue honrada con el galardón Campeones del cambiouna distinción que los 50 Best entregan por primera vez en la región y que, adicionalmente, recayó en una dominicana.
Es otorgar reconoce su compromiso con la transformación socialla defensa de la civilización gastronómica y la proyección internacional de la cocina dominicana.
Asimismo, su restaurante Aguají de la Chef Tita entró en la inventario extendida de los Los 50 Mejores Restaurantes De América Latinaconvirtiéndose -por primera vez para el país- en un restaurante dominicano internamente de esta prestigiosa clasificación.
Una voz qué conecta
Por otra parte, internamente de la memorándum oficial de los 50 Best, Tita fue invitada como ponente en los 50 mejores charlasdonde presentó “Un delegado en cada plato“.
En su intervención mostró la riqueza de la restauración dominicanaexplicó su cultivo de rescate del producto recinto y destacó el rol esencial de los productores con quienes ha trabajado durante más de 20 primaveras.
A través de historias, anécdotas y reflexiones, compartió cómo la cocina se ha convertido para ella en un motor de cambio socialimpulsando comunidades y creando oportunidades para cientos de familias.
Como resultado, su mensaje generó emociónaplausos y una ola de comentarios en medios internacionales que subrayaron la fuerza de su novelística.
Finalmente, la imagen de chef tita levantando la bandera dominicana frente a una audiencia internacional resume dos décadas de esfuerzo, visión y orgullo. Fue, sin duda, un momento vibrátil que confirma el superficie cada vez más sólido que ocupa la restauración dominicana en el atlas culinario mundial.





