Ignoro si fue la ministra de Interior fue la que primero informó que el director de la Policía dispuso la suspensión de los agentes que ultimaron a cinco hombres en Santiago, o si fue la procuradora común, Yeni Berenice, que ordenó investigar esa matanza perpetrada el miércoles en el sector La Barranquita, de Santiago.
La primera información sobre ese suceso fue ofrecida por el coronel Diego Pesqueira, quien dijo que los agentes actuantes enfrentaron a miembros de una bandada de delincuentesque al menos dos de los occisos tenían circunstancias penales y que un miembro de la institución fue herido en la balacera.
Es posible que los agentes de la Dirección Centran de Investigaciones (Dicrim) enfrentaran a supuestos miembros de una bandada de sicarios o narcotraficantes, pero al menos se sabe que José Vladimir Valerio Estevezfue acribillado a balazos cuando iniciaba su etapa profesional como rapador.
El ministro Faride raful ha prometido que no habrá impunidad delante ese suceso que se quiso cerrar con la tradicional lectura de que las victimas formaban parte de una peligrosa bandada que enfrentó a las autoridades con un atarazana, sin establecer si pudo tratarse de otra la ejecución extrajudicial.
En lo que va de año la prensa ha contado 170 personas ultimadas por patrullas policiales en alegados intercambios de disparosa los que se agrega los cinco abatidos en una plaza comercial de Santiago. Donde la policía pone el ojo, pone la bala.
Se reconoce el particular interés que el presidente Luis Abinader ha puesto en el plan de transformación de la Policía, cuyo avance revisa cada lunes, pero aun la ciudadanía no percibe de modo significativa el cambio que experimenta la institución.
El narcotráfico, sicariato, terrorismo, trastorno y negociación de personas se erigen en grandes multinacionales del crimen que perturba la seguridad ciudadana y la gobernanza política en América Latina, con tanto poder y mosca que llegan a penetrar hasta el tuétano de las instituciones encargada de combatirlo.
En República Dominicana se han decomisado desde el 2020 más de 224 toneladas de drogas, pero se da por seguro que otros muchos cargamentos de narcóticos llegan desde aquí a su destino final de Estados Unidos y Europa, pero además es mucha la droga que se queda para mercadeo y consumo, lo que promueve una caudal de subsuelo que alienta al crimen.






