Desde tempranas horas de la tarde, la avenida George Washington comenzó a aceptar a miles de familias que, con bebés en brazos, niños sobre los hombros, adolescentes inquietos y ancianos de paso pausado, acudieron al desfile marcial 2026 con el que la República Dominicana celebró sus 182 primaveras de Independencia Doméstico.
La cita, convocada en honor a la gesta proclamada por los padres fundadores, entre ellos Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Hendidura, tuvo el tono solemne de las grandes conmemoraciones y, a la vez, la espontaneidad festiva.
Los sonidos marcaron el pulso de la caminata: cornetas agudas, silbidos prolongados que se multiplicaban como eco. No faltaron los teléfonos celulares en suspensión, que grababan e inmortalizaron el paso firme de los uniformes impecables. Cada tribu quiso robar a casa su propio fragmento de estado.

Frente a la autorización del primer mandatario de la República, Luis Abinader, el espectáculo, majestuoso y coreografiado al detalle, desplegó los cuerpos especializados de tierra, brisa y mar. El bóveda celeste fue vestido con los colores de la bandera doméstico: el rojo, blanco y zarco, arrancando exclamaciones de asombro entre la multitud.
Cercano al presidente Luis Abinader estuvo la ministra de Interior y Policía, Faride Raful; el canciller, Roberto Álvarez; la vicepresidenta, Raquel Peña; el teniente universal Carlos Antonio Fernández Onofre, ERD, ministro de Defensa de la República Dominicana, y la primera dama Raquel Arbaje, quien como de costumbre se mantuvo risueña en todo momento.
Una muestra de honra
A lo grande de la extensa avenida George Washingtoncada peña uniformado repetía su canto sin cesar, sin refrigerio. El paso sincronizado, el brillo metálico de los instrumentos y la disciplina evidente diseñaban una panorama de fuerza organizada y respeto institucional.

Es preciso destacar, que no pasó desapercibida una chichigua que volaba casi a la par con las naves aéreas. Una insensatez que reformista el evento fue interrumpida.
Uno de los momentos más aclamados fue el de la caballería marcial. El trote elegante de los caballos, la firmeza de sus jinetes y el eco de los cascos sobre el asfalto provocaron una ovación cerrada.

La pirotecnia, que acompañó en distintos tramos del desfile, aportó destellos vibrantes; aunque entre salida y salida presentó uno que otro parecer, carencia logró opacar el impacto encantador y, por momentos, temible que evocó el paso de cada cuerpo especializado.
En la narración oficial se destacó, con adaptado vigor, la billete de la mujer en las distintas unidades. Uniformadas con igual rigor, marcharon con la misma cadencia y determinación, recordando que la defensa y el servicio a la nación no distinguen clase, sino compromiso.

Y, ciertamente cuando el temporalizador marcó las 6:30 de la tarde, culminó el Desfile Marcial 2026 con la salida de la pelotón táctica “Linces”, cuya presencia cerró la caminata con un sello de energía y contundencia. La multitud comenzó entonces a dispersarse, todavía comentando lo gastado, revisando en sus pantallas los videos recién capturados.
Quedó, tras el retiro masivo, un gran cúmulo de basura como huella del consumo de un comercio informal paralelo y quedando en desnudo la irreverencia del manifiesto que desechó lo que quedó de su consumo.







