Por José Manuel Jerez
El pasado sábado 30 de agosto de 2025, durante un acto multitudinario en La Vega, el expresidente Leonel Fernández proclamó que, según una pesquisa entregada esa misma mañana, la Fuerza del Pueblo (FP) desplazó al oficialista Partido Revolucionario Innovador (PRM) como principal ordenamiento política en las preferencias ciudadanas. Este anuncio, más allá de ser un simple reseña, refleja un momento de inflexión en la política dominicana.
Fernández atribuyó el avance de la FP al profundo descontento social frente a la trámite coetáneo. Los problemas estructurales de los servicios públicos son parte del malestar: apagones que alcanzan hasta ocho horas diarias, escasez de agua potable, fallos en la convento de basura, crisis educativa y maltrato en la calidad de los servicios de salubridad. Cada uno de estos instrumentos se traduce en un retroceso en la calidad de vida, lo que erosiona la legalidad del gobierno.
A esta situación se suma la presión económica. La inflación sostenida, el aumento constante del dólar y la percepción de inseguridad ciudadana crean un entorno de inestabilidad que impacta directamente en el humor colectivo. En términos académicos, la teoría del voto retrospectivo explica que los ciudadanos evalúan a los incumbentes por su capacidad de resolver estos factores. Cuando los resultados son negativos, los votantes tienden a portar con destino a alternativas opositoras.
En este contexto, la Fuerza del Pueblo se presenta como opción política viable. Fernández, al mismo tiempo que recuerda sus gestiones anteriores, proyecta un plan de modernización, particularmente en el dominio de salubridad digital y en el fortalecimiento institucional. El discurso combina la experiencia de gobierno con la promesa de un futuro renovador, logrando conectar con sectores de la población decepcionados por la coetáneo delegación.
Los resultados electorales recientes refuerzan esta novelística. En las elecciones de 2024, Fernández obtuvo un 28.84 % de los votos, posicionándose como segunda fuerza política del país frente al 57.44 % del presidente Luis Abinader. Ese desempeño ya evidenciaba un crecimiento constante de la FP, que ahora se traduce en un brinco con destino a la primera posición en las encuestas.
El anuncio de Fernández, luego, no es un hecho retirado, sino el refleja de una dinámica social y política marcada por el descontento, la abrasión de la confianza en el gobierno coetáneo y la búsqueda de alternativas viables. Desde un enfoque purista, puede reafirmarse que la FP capitaliza el malestar ciudadano y lo transforma en un engendro electoral que redefine el panorama político de la República Dominicana.
La política, como refleja de las realidades sociales, encuentra en esta pesquisa un termómetro del cambio de época: la ciudadanía parece poseer iniciado un viraje con destino a la Fuerza del Pueblo, en respuesta a un gobierno desgastado por la crisis de los servicios públicos, la inestabilidad económica y la inseguridad. Todo ello justifica, desde un punto de apariencia empírico y teórico, el encumbramiento de la FP en las preferencias populares.







