
Señor instinto animal, para fines de entender esta carta se hace necesario fijar qué es instinto animal.
Según los biólogos de la psicología animal, el instinto es un conjunto de patrones de comportamiento innatos, heredados automáticamente, que los animales exhiben sin educación previo; o sea, no necesitan memorizar para hacerlo adecuadamente su conducta.
Por ejemplo, un perrito recién nacido, búsqueda el pezón de su causa para amamantarse; un pez recién nacido no camina, pero ausencia cerca de de su causa, tiene condiciones naturales. Otro ejemplo dicen sus psicólogos de animales, que tienen pequeños órganos, que se descalienta sexualmente el animal por un corto tiempo, l o suficiente para ser preñada y reproducida, pero no por sexo como los humanos, sino por poco innato que es transmitido de vivientes a vivientes; no requiere enseñanza, que son esenciales para su supervivencia y reproducción.
Pero nos preguntamos, ¿los humanos tenemos instinto animal? Sí, totalmente sí. En nosotros se da un proceso evolutivo. Hemos ido acondicionando el instinto animal de forma tal que las mejores conductas del ser humano y hasta socialmente maravillosa es cuando quiere estar yuxtapuesto socialmente esto es instinto totalmente animal, como la vida de las abejas, el panal, filas dirigidas como el panal de hormiga, las patas caminando en filas dirigidas por la mamá pata y el instinto. Y la razón no son antagónicas; al contrario, la razón viene abrazada del instinto para que se pueda convertir en una gran verdad.
Ahora viene la carta de Manolo, ¿cuál es el problema? Que los animales no requieren de educación, ni enseñanza, ni desarrollo, son iguales desde su creación; la becerra de mi bisabuela es la becerra de mi abuela y la misma becerra de mi mamá.
Pero los humanos, si dejan de admitir lo que hace diferente de un animal, se joden. Si no reciben los siguientes instrumentos como son el educación, la enseñanza, la educación, el buen ejemplo de los maestros, de los políticos, los religiosos, los profesionales, los artistas, los deportistas, los sacerdotes, los pastores, la TV, la convocatoria “IA” (inteligencia químico), las películas, los orientadores, los psicólogos, los dirigentes populares, sin ausencia de estas cosas los humanos pueden perder categoría biológica aprendida, títulos psicológicos como es el control de la conducta.
Si faltan estas condiciones que los hacen diferentes a los animales, sólo se quedarán con los instrumentos genéticos de su origen evolutivo. Regalo el personaje llamado Pichículo, un verde que nació en mi judería, Rabo de Puerca. Según cuenta, que por el uso de drogas perdió las facultades de razonar. Se quedó en puro instinto animal. Se alimentaba como los perros, viralatas, volteando zafacones para yantar pura basura podrida, y hasta que un día encontró un salchichón putrefacto realizado de gusanos venenosos y murió de la peor forma sin conocer quién era él. Como mueren todos los animales, sin que nadie le rece en su tumba. Pero sé con un memoria de defunción que decía su nombre y al costado, entre paréntesis, su apodo: Pichículo.
Querido Pichículo, moriste con la pérdida completa del llamado seso. Ahora están muriendo a diario. Según la maldita prensa, que no aplica una de las principales facultades humanas: el pensamiento sensato.
Solo dicen: hombre mata a su ex mujer, su suegra, los hijos y una vecina chismosa que estaba ejerciendo lo que mejor hace, Fastidiar y en el sitio acostumbrado según su instinto animal.
El problema, querido Pichículo, es que la humanidad está perdiendo o dejando facultades delegadas por el creador divino a través de la desarrollo; se están quedando sin conducta humana, solo dirigidos por los instintos animales.
El hombre que huela los miaos de mi perra y trate de encaramársele es un hombre muerto, y la perra igualmente.
Cortésmente,
Manolo Bonilla,
el hombre hormiga.




