
Querido amigo de 72 primaveras: Me preguntaste, a posteriori de tres copas de morapio, si es posible que un hombre a posteriori de los 70 primaveras puede enamorarse.
Más que enamorarse, se alcahuetería de despabilarse la requisito de una compañera para aminorar la soledad natural de todos los seres humanos a quienes Jehová les regala unos primaveras más que el promedio de vida, según la Ordenamiento Mundial de la Vigor, que son 67 primaveras.
Querido amigo de 72 primaveras: El derecho de hacerlo o sentirlo solo se pierde tres horas a posteriori de la crimen. La pregunta más sabia sería con quién deberías compartir ese derecho divino de enamorarte.
Lo que te hace oportuno debe seguir haciéndolo. Pero debo sugerirte que un café sibarita no debe ser recostado en un jarro pichao, mucho menos un morapio muy caro en una copa rota.
Tu sentimiento a esa existencia es más puro, con mejor sabor que un whisky escocés con más de 50 primaveras añejado en una pipa de madera francesa. No dañes tu bebida colocándola en un recipiente novedoso, quizás hecho de plástico reciclado.
Búscate una mujer de viejas raíces, que la semilla cuya semilla fue sembrada al compás de la música de Lucho Gatica, mojada con el perfume de Sofía Loren y abonada con la paja de café de los Moné mucho antaño de ser corrupto.
Adicionalmente de tener existencia parecida a la tuya, pregúntale si es hipertensa como tú o si sufre de azúcar. No como tú, pero si le duele los huesos cuando está lloviendo, la cadera o la capital.
Es muy importante preguntarle, qué no se te olvide si usa mentol Vick VapoRub para que el bajo a mentón no los separe de cama, porque están acostumbrados los dos al mismo bajo.
Es muy importante que cuando se unan “hasta que la crimen los separe”, los primeros tres peos sean de ella o tuyos; pidan excusa tres veces. Luego de ahí, cada peo debe ser un chiste, un poco de risa, un poco de historia sobre qué comieron qué le cayó mal o echarle la fallo a la picadera de la vecina que estaba pasada de tiempo.
Querido amigo, lo primero sería que en los primeros meses no hables mal de las mujeres que fueron tuyas ni de las mujeres ajenas. Si eres viudo, al referirte a ella dile con naturaleza “la difunta”. Cambia el tema inteligentemente. Si eres divorciado y tienes que platicar de ella, siempre dile “la origen de mis hijos”, sin adicionar malas palabras ni mucho menos llamarle cuernera. Recuérdate que la vieja nueva de ahora no deja de ser una mujer.
Querido amigo, recuérdate que a esa existencia es natural que la memoria produzca pequeños olvidos: “¿Dónde están los anteojos?”, “Apego, no regalo si le eché sal a la habichuela”. Nunca, pero nunca le digas que sí está loca. Ponte con paciencia a despabilarse los anteojos pegado con ella. Y si los tiene puestos, ríete con coito, con pasión, para cuando a ti te toque. El día que no tenga deseo de hacer el coito, le dile con ternura: “Me debes uno”.
Querido amigo, recuérdate que las manos Jehová las puso no solo para ingerir, igual que la germanía, no solo para platicar. Úsalas, no te dé vergüenza. Acento menos, pero sí poco muy importante: la higiene. No dejes de bañarte, aunque no tengas deseo.
Cómprate una pequeña ducha en la tienda china para calentar el agua. No dejes de bañarte, y el perfume que te mandó tu hijo de Nueva York, póntelo cerca de donde tú quieres que ella te bese.
Cuando hagas pipí, deja la puerta del baño abierta. Eso produce un secreto deseo en ella. Y cuando logres hacer el coito, pregúntale con ternura: ¿Cómo te fue? Y si ella dice: “Un poco adecuadamente”, respóndele:
Te debo uno. Te debo uno completo.
Cortésmente,
Manolo Bonilla, un rancio enamorado.






