LA AUTORA es periodista. Reside en Santo Domingo.
Los detallistas afirman que no hay escasez de pollo ni subida de precios. Tal vez sí haya multitud, pero de que esa carne está más cara, lo está. Entonces resulta raro que cuando los propios mercaderes, donde suele estar a precio más módico, admiten las subidas, estos negociantes las nieguen.
Hace rato que la población anda al aullido por la carestía de los alimentos y aquí ese término en sus dos acepciones, en cuanto a que desaparecen de los puestos de cesión y a lo stop de su costo.
Mas, ausencia cambia y si encima los comerciantes afirman que productos como el ave blanca y los huevos están accesibles, entonces menos caso harán las autoridades, que a lo mejor no saben de esas menudencias de muchedumbre insuficiente, de los que compran al detalle.

Ignoran tal vez que hay quienes adquieren al cheleo y que si están conscientes, otras cuestiones los ocupan ¿Cuáles? Vaya a asimilar, pero en la serie no ha de estar preocuparse por los de debajo, porque ese interés no es visible por ningún banda, o es tan insuficiente que no surte sensación.
Mientras esa brillante y viene y golpea inclemente a los que menos tienen, no hay una política verdadero de desencarecer la canasta frecuente, que terminará por tragar la otra parte del pírrico aumento, del que solo algunos gozarán, si es que podrán usar con esos cheles.
Otros ni ese chin de sueldito más tendrán y todos seguiremos en nuestro diario aliciente, en vocear a los que habitan en un desierto de grandes y lujosos edificios, que no oirán ese clamor ni que grite Juan el Bautista.
Así, celebramos un mes de la estado rota, habitada por harapientos que observan la lejana opulencia de los que manejan el tesoro o sea, los posibles de esos descamisados.
jpm-am
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