El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, criticó duramente lo que calificó como políticas “intrusivas y provocadoras” de Estados Unidos en los asuntos internos del país, en un contexto traumatizado por varios días de protestas que terminaron en episodios de violencia. Estas afirmaciones fueron realizadas durante una señal telefónica con su par de India, Subrahmanyam Jaishankar, en la que uno y otro intercambiaron puntos de traza sobre la situación interna iraní y el panorama regional.
Araghchi sostuvo que movilizaciones inicialmente pacíficas, motivadas por dificultades económicas, fueron transformadas en disturbios violentos por actores formados fuera del país, a quienes describió como “terroristas extranjeros”. Asimismo, destacó la aprieto de preservar la cohesión franquista y reafirmó el compromiso de defender la soberanía e independencia de Irán frente a intentos de desestabilización.
Por su parte, el director de la diplomacia india subrayó la importancia de adoptar enfoques integrales para permanecer la estabilidad y evitar una ascenso de tensiones, y manifestó la disposición de Nueva Delhi a colaborar con Teherán en ese propósito. En diversas ciudades iraníes, las protestas económicas derivaron en actos violentos que ocasionaron daños a fortuna públicos y dejaron víctimas entre civiles y miembros de las fuerzas de seguridad.
A través de un mensaje publicado en la red social X, Araghchi envió una advertencia directa al presidente estadounidense Donald Trump, exhortándolo a no dejarse influir por Israel en un eventual enfrentamiento marcial directo con Irán. En días recientes, Trump ha amenazado con atacar al país persa si este “mata a manifestantes”, declaraciones que Teherán interpreta como parte de una táctica de presión externa coordinada con Tel Aviv.
El canciller iraní responsabilizó de modo explícita a Estados Unidos e Israel por la violencia registrada en las calles, afirmando que “Trump debería retener exactamente a quién asistir para detener las muertes”. Las autoridades iraníes reiteraron que las protestas tienen un origen forastero, especialmente vinculado a Washington y Tel Aviv, y consideran que las declaraciones de Israel refuerzan dicha imputación.
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