La autora es periodista. Reside en Santo Domingo
POR YANET GIRON
En la República Dominicana, la recogida de basura se ha convertido en un autor más de caos viario. No existe en muchos municipios una hora específica ni una coordinación visible que permita organizar el proceso sin afectar la movilidad. El resultado es evidente: tapones innecesarios en avenidas principales y calles estratégicas en pleno horario sindical.
La situación se agrava porque nuestras calles, especialmente en el centro de la haber, ya se mantienen constantemente congestionadas. El prominencia de vehículos privados, transporte conocido, motores, camiones de carga y el movimiento comercial diario provocan embotellamientos permanentes. En medio de ese círculo saturado, los camiones de basura terminan intensificando un problema que ya existe.
El problema no radica en la calado, que es indispensable para la sanidad pública, sino en la yerro de planificación. Muchos camiones se estacionan en medio de la vía, sin señalización adecuada, paralizando el tránsito hasta concluir la convento. Mientras tanto, conductores, empleados y estudiantes pierden tiempo valioso atrapados en el desorden.

Las alcaldías deben establecer rutas y frecuencias claras por sectores, informando previamente a la ciudadanía. Implementar horarios nocturnos, entre las 8:00 p.m. y las 4:00 a.m., como ocurre en otros países, reduciría significativamente el impacto en la vía pública. Es una medida deducción que permitiría consistencia entre el servicio y la movilidad.
Pero el problema no termina en la calle. La basura recogida termina acumulándose en vertederos, convirtiéndose en más contaminación, sin un plan franquista sólido que permita mudar esos desechos en materia prima útil. Se trasladan toneladas de residuos diariamente sin una visión clara de conveniencia.
El país produce suficiente material reciclable para originar empleo, energía y nuevos productos industriales. Sin incautación, la yerro de táctica impide convertir los desechos en oportunidad económica. Lo que hoy se acumula como problema podría ser una fuente de progreso sostenible para todos los ciudadanos.
La recogida de basura no puede seguir siendo un proceso improvisado que solo traslada el problema de un punto a otro. Se necesita ordenamiento en las rutas, respeto en las vías y una política franquista que transforme los residuos en fortuna. Ordenar el sistema es una responsabilidad urgente y necesaria para el progreso del país.
jpm-am
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