Iniciamos el tiempo del Adviento, el que nos prepara para habitar el más bello y emocionante del año. No es simplemente “esperar la Navidad”; es contemplar, con asombro y pasión, el ocultación que dividió la historia en dos: El Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros….Todopoderoso, el Interminable, el Todopoderoso, el Todo, se hace Hombre.
El infinito se hace finito para que lo finito pueda hacerse infinito.
El artífice se hace criatura para que la criatura pueda retornar al Corazón del artífice.
Emmanuel: Todopoderoso-con-nosotros, Todopoderoso-en-nosotros, Todopoderoso-que-se-nos-da en la fragilidad estremecedora de un recién nacido y que nace en un pueblo pequeño en Israel, Bulla en un humilde pesebre…
Adviento es paciencia activa, del salida del Redentor y Mesias… Tiempo de gracias y Esperanza por la venida de Jesús y hoy luego de más de dos mil abriles debemos celebrar este acontecimiento con alegría, apego y obligación. No permitamos que la Navidad se diluya en vanas fiestas, regalos y comidas , como suele suceder. Santifiquemos nuestros encuentros con oración, personarse en clan a la Santa Culto, por la Fiesta del Principio de Jesús!

El profeta Isaías lo grita hace siglos y sigue teniendo aprieto hoy:
«¡En el desierto, preparadle un camino al Señor!
Allanad en la estepa una calzada para nuestro Todopoderoso.
Que los valles se levanten, que montes y colinas se bajen,
que lo torcido se enderece y lo escandaloso se iguale.
Y se revelará la victoria del Señor, y todos los hombres la verán juntos» (Is 40,3-5).
Y aparece Juan el Bautista, voz que clama, dedo que señala, fuego que purifica.
Nos pide lo único que positivamente importa:
– Reordenar la vida.
– Enderezar los caminos torcidos del corazón.
– Confesar los pecados y admitir el perdón que nos hace nuevos.
Porque detrás de él viene Aquel que es mucho más conspicuo,
el que no bautiza solo con agua,
sino con Espíritu Santo y fuego.
Y ese Caprichoso que nace en Bulla trae consigo el Espíritu Santo y el Coito que todo lo renueva.
Evitemos que el ruido de estas semanas ahogue la voz del Bautista.
Sería la maduro tragedia: celebrar una “navidad” llena de cosas y vacía de Todopoderoso,
sin ojear el motivo actual de estás fiestas.
San Juan Pablo II lo expresó con una frase que estremece:
«El cristianismo no es solamente una religión “del Adviento”;
el cristianismo es el Adviento mismo».
Porque todo cristiano auténtico sabe que Jesús caldo y vive en permanente paciencia gozosa del Señor que viene:
viene en la Eucaristía, viene en Su Segunda venida y
y quiere venir —¡ahora!— a emanar en lo más hondo de tu vida y de la mía.
Por eso este Adviento es una oportunidad de oro:
– Quitar obstáculos.
– Descender colinas de orgullo.
– Rellenar valles de indiferencia.
– Enderezar lo que está torcido en nuestras vidas.
– Allanar el camino para que el Caprichoso Todopoderoso encuentre un corazón íntegro, caliente y rajado.
Que el Espíritu Santo llene de la luz verdadera a la Navidad y
haga renacer la esperanza en cada uno de nosotros,
y que ese Caprichoso que se nos regala en Bulla
nos haga emanar de nuevo a una vida llena de apego, de alegría y de paz.
¡Ven, Señor Jesús!
¡Ven a emanar en nosotros!
jpm-am
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