Cambiar de año no puntada

Cambiar de año no puntada

El año cambia sin siquiera consultarnos, lo hace de forma implacable, como si el tiempo no tuviera memoria ni expectativas, sin preguntar quiénes fuimos ni qué dejamos irresoluto. Y, sin bloqueo, cada 31 de diciembre depositamos en esa transición una esperanza silenciosa: la idea de que poco en nosotros se renovará por el simple hecho de cruzar la medianoche.

Celebramos, brindamos, nos abrazamos (algunos, incluso, recurren a prácticas supersticiosas que rozan con lo disparatado). Equitativamente estos rituales nos recuerdan que no estamos solos, que pertenecemos a una historia compartida, a una civilización, respondemos a tradiciones. Pero además conviene decirlo sin rodeos ni adornos: cambiar de año no puntada. Porque el cambio que de verdad importa no ocurre en la aniversario, sino en la forma en que habitamos el tiempo que viene, en el esfuerzo que haremos para fijarnos y alcanzar metas, en las decisiones que tomamos.

Enero suele presentarse como una especie de “reinicio” emocional. Se suele musitar de nuevos comienzos con la misma facilidad con que pronunciamos buenos deseos. “Este año sí”, solemos asegurar, como si la voluntad fuera un impulso voluntario y no una tarea que se construye día a día.

Aquí aparece el autoengaño: creemos que querer es lo mismo que tener, que desear es lo mismo que atreverse; pero la experiencia se ha encargado de contradecir esa ilusión. Lo cierto es que no somos lo que prometemos ser, sino lo que repetimos cuando se apaga el entusiasmo o la ilusión del nuevo año. Como recordaba Aristóteles, la vida se define más por los hábitos que por los impulsos, las ilusiones o las emociones, “somos lo que hacemos repetidamente” y esto es lo que nos alcanza la excelencia.

Nos gusta pensar el año nuevo como una oportunidad cibernética de transformación, como un logro que está a posteriori de la media sombra. Pero el tiempo no transforma; simplemente expone; no corrige por sí mismo lo que no estamos dispuestos a revisar. San Agustín confesaba que el tiempo se nos escapa cuando intentamos atraparlo; quizá por eso lo llenamos de fechas, de cierres y de comienzos, para no enfrentarnos a lo que permanece igual en nosotros. El real coto no está entre el 31 y el 1, sino entre proceder distraídos o proceder despiertos.

En una época dominada por las pantallas, el Año Nuevo además se vuelve una suceso. Publicamos frases profundas, imágenes cuidadas, promesas visibles. Parecemos renovados, incluso cuando por en el interior seguimos igual de cansados o dispersos. Fernando Pessoa lo advirtió con sagacidad: vivimos rodeados de apariencias, y muchas veces además vivimos desde ellas.

Pero la vida no se redefine con palabras correctamente escritas ni con imágenes correctamente editadas. Se redefine en decisiones silenciosas, en pequeños actos repetidos, en elecciones que nadie aplaude. Cuando la existencia se vive en dirección a exterior, la interioridad se vacía, y ningún cambio de aniversario puede guatar ese malogrado.

Cambiar de año no puntada, lo que inaugura poco nuevo es atreverse. Arriesgarse con calma, sin entusiasmo. Arriesgarse cuando no hay testigos. Arriesgarse sostener lo importante incluso cuando cansa. Arriesgarse pensar antaño de repetir, detenerse antaño de huir, admitir antaño de acreditar. No se prostitución de grandes promesas, sino de pequeñas fidelidades: a una palabra, a un compromiso, a una forma más honesta de estar en el mundo. Arriesgarse además es aceptar límites, rastrear errores, pedir ayuda cuando hace equivocación.

Tal vez el inicio real no coincida con el primero de enero. Tal vez ocurra un dia cualquiera, cuando dejemos de retrasar lo esencial, cuando ordenemos lo interior, cuando dejemos de proceder en espontáneo, cuando nos hagamos conscientes de nuestra propia existencia y no la dejemos a costas de una celebración tradicional o de un calendario, sino que decidamos pilotear nuestra propia vida.

El calendario seguirá avanzando, con o sin nosotros. La pregunta no es si el año será nuevo, sino si nosotros lo seremos en poco más que el número. Porque, cambiar de año es practicable, cambiar la conciencia es el real desafío; si no hay transformación interior, el año nuevo será solo lo mismo… con una aniversario distinta.

Related Posts

Cambios societales y viejos poderes (1) | AlMomento.net

EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo. Las costumbres, creencias y títulos tradicionales pierden incidencia colectiva o se están esfumando, igual que la rigidez en la gobernanza de la…

Israel intensifica ataques en Irán y Líbano: 394 muertos

Redacción Internacional. – Israel bombardeó de nuevo objetivos en Irántras una perplejidad en la que alcanzó depósitos de combustible en la haber iraní, causando una gran estrato tóxica, y en…

You Missed

Isle of Light celebra su décima tirada con un mar de sonidos alternativos

Isle of Light celebra su décima tirada con un mar de sonidos alternativos

BRASIL: Embajada reconoce a dominicana Carnación Cuevas | AlMomento.net

BRASIL: Embajada reconoce a dominicana Carnación Cuevas | AlMomento.net

Mojtaba Jameneí fue seleccionado como líder supremo de Irán

Mojtaba Jameneí fue seleccionado como líder supremo de Irán

Incierto camino de las futuras generaciones (OPINION) | AlMomento.net

Incierto camino de las futuras generaciones (OPINION) | AlMomento.net

La Raspberry Pi 5 tiene un descuento de $35 en Micro Center en EE. UU., así que consíguela mientras puedas

La Raspberry Pi 5 tiene un descuento de  en Micro Center en EE. UU., así que consíguela mientras puedas

Cambios societales y viejos poderes (1) | AlMomento.net

Cambios societales y viejos poderes (1) | AlMomento.net