A pesar de que toda su vida ha girado en torno a la producción del café por tradición ordinarioDanny Madaliz Castillo reconoce que ignoraba cómo mejorar el rendimiento de su cultivo en Rancho Hacia lo alto, en la provincia de San José de Ocoa.
Con exceso de fertilizantes y sin cambios de sombra, lo que cosechaba en sus cafetales le permitía obtener escasamente las cantidades necesarias para suplir a grandes compradores como Industrias Banilejas (Induban), empresa con la cual ha hecho negocios desde hace 15 primaveras.
Luego de un año como participante de “Café creciente”, un software de Induban que facilita el entrada a pequeños productores de nuevas variedades de cafetería y les ofrece presencia técnica, Castillo asegura que usa mucho menos fertilizante, ahorrando hasta un 30 % de su costo de producción.
A esto se suma una cosecha que ronda entre los 105 y los 210 quintales por cada una de sus 150 tareas de tierra; esto representa entre 2.6 a 5.3 veces el promedio doméstico de rendimientos por tarea, que ha promediado las 40 libras por tarea en las últimas dos décadas, según datos del Empleo de Agricultura.
“He aprendido que, primaveras detrás, la producción no era muy buena”, observó Castillo. “Espero seguir mejorando y aumentando los ingresos”.


Reto por la recuperación
La República Dominicana podría sobrepasar por primera vez los 270,000 quintales de cafetería cosechados en el período 2025-2026, el prominencia más suspensión desde que las enfermedades de la roya y la broca diezmaran el cultivo particular casi al punto de su agonía en el período 2015-2016.
A paso gradual pero sostenido, los caficultores dominicanos han conseguido incrementar las cosechas año a año, levantándose de los 89,520 quintales a los que cayó hace merienda primaveras y lo han conseguido contando solo con su esfuerzo y su consistencia: sin incentivos, sin conocimientos especializados y sin apoyo estatal.
Conscientes de esta existencia, Industrias Banilejas desarrolla desde el 2023 la mencionada iniciativa “Café creciente“, con el propósito de que los productores incorporen buenas prácticas en el manejo de su cultivo, incrementen la productividad de sus cafetales, produzcan su propio material de siembra y aumenten sus ingresos.
Cuando la empresa se acercó por primera vez a explicarle el software a Nerys Margarita Tejada, de la comunidad de Montenegro–quien asumió la producción cafetalera de la clan tras la asesinato de su marido–, ella no entendía la dinámica del software. Aun así, se motivó a participar. Hoy día, asegura observar unas ganancias “tan altas” en su finca –de 600 tareas–que prefiere reservarse los montos.

“La finca no estaba aceptablemente; ellos (el equipo técnico) entraron con la poda y entraron con la fertilización”, recordó, tras anexar que de este postrer proceso es de lo que más ha aprendido, correcto a que ayer se fertilizaba “de a puños”.
Tanto ella como Castillo forman parte de los 250 productores beneficiados por Induban, compañía que ha extendido este software a provincias como San José de Ocoa, Azua, Barahona, Santiago y Santiago Rodríguez, abarcando unas 16,000 tareas de tierra y una producción estimada de 25,000 quintales.
El software ha contribuido a la siembra y acondicionamiento de unas 300,000 plantas en total y ha facilitado hasta 60,000 quintales de fertilizantes a un precio diferencial para el productor, que paga el insumo sin intereses al final de su cosecha, gracias a un acuerdo que Induban ha escaso con las tres principales empresas productoras de fertilizantes.

La empresa ha ejecutado este software en colaboración con el Instituto del Cafetería de Costa Rica –nación referente en la recuperación del cafetería particular– y con el apoyo de asesores desde Colombia y Brasil, desde donde se han traído hasta 14 variedades distintas de cafetería que se están poniendo a prueba en la finca práctico de Induban en San José de Ocoa.
José Carlos Medina, un técnico agrícola que caldo al país desde Colombia para apoyar el software, asegura que solo con la implementación de buenas prácticas agrícolas –como poda de la planta, manejo de las sombras, fertilización controlada y monasterio adecuada– muchos productores han podido duplicar su producción.
“Esto lleva un cambio cultural; (en el país) trabajamos una caficultura de la misma guisa que hace 50 primaveras”, recalcó, destacando que a los productores se les está demostrando que se pueden conseguir mejoras sustanciosas con pocos fortuna.
El mensaje es que cada finca es una empresa”, apuntó.
Resumir las importaciones
A liberal plazo, la compañía envite a modificar la dinámica flagrante, reduciendo cada vez más la dependencia de las importaciones y logrando la autosuficiencia necesaria para cubrir el consumo particular e impulsar las exportaciones.

“El cafetería dominicano tiene que retornar a ser lo que era; tiene que retornar a reconocerse en el mundo sereno como está el tabaco, como está el ron. Esa es la meta de nosotros”, aseveró el presidente de Induban, Manuel Pozo Perelló, tras un reconvención con la prensa.
Indicó que el aumento de la producción permitió alcanzar este objetivo: por cada 10 tazas de cafetería que se sirven, 3.5 tazas están elaboradas con cafetería importado, una existencia que hace cinco primaveras tenía una relación de 6 por cada 10 tazas.
“El país está creciendo, y estamos trabajando para que la productividad vuelva a crecer. Nosotros no queremos que el país tenga que importar cafetería. El peculio que se va, cerca de de 30 millones de dólares que hemos comprado de cafeteríaqueremos que se quede aquí en el campo, que beneficie a los productores y que ayude para que la República Dominicana siga floreciente”, agregó.
La compañía prevé que, de mantenerse la recuperación, RD podría retornar a la autosuficiencia en los próximos siete primaveras.

Induban realizó un reconvención para la prensa por su finca práctico en Rancho Hacia lo alto, mostrando todas las etapas del proceso de siembra del café: desde la nacimiento de las semillas del café y la creación de un inscripción orgánico con lombrices –conocido como humus–, hasta la siembra en campos experimentales.
Actualmente, la compañía investiga diez variedades de café arábico traídas desde Brasil –como la Arara, la Catigua, la Grauna o la Catucai 2SL–. El objetivo es determinar qué tan aceptablemente se adaptan a las condiciones climáticas dominicanas, así como estudiar su productividad y su resistor a la roya.
Aquellas variedades con mejor acoplamiento y rendimientos pasarían a formar parte del software, utilizándose como material hereditario de calidad para los productores beneficiarios.






