Cabarete tiene singladura para esfumarse sueños, olas que enseñan a surfear la vida y visitantes que llegan de todos los rincones del planeta buscando este pedacito de Caribe donde el mar siempre está en ‘buena onda’. Pero recientemente, entre ola y ola, igualmente estamos surfeando otra corriente menos poética: el tapón.
El otro día bastó un camión dañado en el centro del pueblo para que Cabarete se convirtiera en un tapón con perspectiva al mar. Desde el circunscripción donde levantan Icon hasta casi la Texaco rumbo a Sabaneta: carros en fila india, bocinas tocando una diversión desafinada y policías tratando de dirigir el tránsito como quien intenta ordenar una bandada de gaviotas en pleno singladura.
Y es que el problema es sencillo de explicar, pero difícil de ignorar: Cabarete es un embudo. Un embudo por donde pasa todo el septentrión. Por aquí respira Puerto Plata, se desliza Sosúa, se conecta Montellano, depreciación Gaspar Hernández, sube Río San Juan, cruza Sabaneta y Moca.
Todos pasando por la misma vena, por una sola vía, como si este pueblo fuera el cuello de botella del Cibao costero.
Cuando esa vena se tapa (por un camión descargando mercancía, por un carro dejando un pasajero o por un motor parqueado donde le da la apetencia) se tranca medio Ártico.
Mientras tanto, en salones con canción acondicionado a miles de kilómetros de aquí, el Empleo de Turismo palabra del turismo deportivo dominicano en FITUR, presume de Cabarete como la caudal del singladura y vende al mundo la postal perfecta del paraíso. Y sí, Cabarete es todo eso, pero igualmente es el destino donde un camión puede paralizar el día inconmovible.
Porque mientras fuera nos venden como caudal mundial del windsurf, del kitesurf y ahora del wingfoil, aquí adentro seguimos atrapados en un problema principal: infraestructura y gobierno.
La opción no es un intriga ni un invento futurista. Se lumbre circunvalación. Una vía que tiro el tránsito pesado del centro, que permita que los camiones sigan su camino (o que tengan un horario para transitar y se cumpla) y que Cabarete vuelva a respirar como destino turístico, no como autopista improvisada.
Pero para eso se necesitan tres cosas que a veces parecen más escasas que el singladura en agosto: voluntad política, planificación municipal y funcionarios con capacidad de gobierno.
Porque el discurso doméstico dice una cosa y la efectividad almacén dice otra. Nos hablan de avance turístico mientras la caudal del turismo deportivo del Caribe esta quedando atrapada en un tapón.
Señor Presidente, autoridades locales: si van a alterar millones en promocionar Cabarete en ferias internacionales o en la famosa carretera del Ocre, tómenle un chin a ese presupuesto y pónganlo donde más errata hace: En una circunvalación que libere este pueblo.
Porque Cabarete no necesita más discursos, necesita espacio para respirar.a Necesita orden.
Necesita planificación. Cabarete quiere seguir siendo caudal de los deportes acuáticos, no el destino final del tránsito.
Cabarete sí puede, pero así como estamos… ni avanzar puede.







