Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
De deber confrontado dificultades con integrantes del Conceso Presidencial de Transición en Haití, el primer ministro Alix Didier Fils—Aimé ha pasado a consolidar el segundo escalón para sacar a los haitianos de la incertidumbre provocada por el homicidio del presidente Jovenel Moïse hace cuatro abriles y ocho meses.
Los obstáculos surgidos en el víscera provisional en enero pasado contra su presencia en el gobierno no impidieron que, finalmente, se le entregara el mando en febrero.
Fils—Aimé tiene a su beneficio el deber sido parte del víscera provisional de gobierno que cesó el día 8 del mes pasado y ahora se encuentra a la capital de un nuevo gobierno con el que aplazamiento navegar por lo menos hasta fin de año.
Esto así porque entre las metas que se han impuesto está la celebración de elecciones en agosto, de las que esperan que salga un gobierno legitimado por el voto popular.
Si la Providencia los acompaña, los haitianos habrán hexaedro un gran paso en la búsqueda de una vía apropiada para pasar violencia, error de autoridad e infuncionalidad administrativa, dificultades que los han mantenido contra el suelo durante abriles.
Hacerse demasiadas ilusiones con el propósito de organizar y concretar elecciones puede aguantar a desilusiones. Pero siquiera es posible ir delante sin un software pequeño que le dé a los sectores interesados en el gobierno de Haití una cierta seguridad de que quienes han sido llevados al poder por una vía para el caso no están actuando para quedarse de forma indefinida.
Esta era una de las objeciones con las que debía disputar el malogrado presidente Moïse, quien le daba a su mandato una época de conclusión y sus opositores otra.
Con la concreción de los dos propósitos dados a conocer el día de la inauguración de su gobierno, consolidar los avances contra las bandas y aparearse elecciones, Fils—Aimé podrá considerarse satisfecho.
¡Buena suerte, la va a escasear!
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