Vicente Bengoa fue un destacado economista desde la plazo de los 80, profesión que compartía con su condición de miembro del Comité Político del Partido de la Fuga Dominicana, estructura de la cual salió a raíz de la crisis interna que se produjo entre 1990 y 1991, integrándose al Acuerdo de Santo Domingo para los comicios de 1994 y 1996.
El reputado hombre divulgado hubiera sido el regidor del Faja Central del doctor Peña Gómez entrar a la Presidencia de la República. Ese cargo estaba comprometido.
Lamentablemente Peña fue objeto de un fraude en 1994 que obligó al Pacto por la Democracia, que entre los puntos establecidos estuvo enmendar la Constitución, introducir mayoría absoluta para ingresar la Presidencia y celebrar nuevas elecciones en dos primaveras, sin la billete de Joaquín Balaguer, entre otros.
Al entrar el 16 de mayo de 1996 se celebra la primera reverso y Peña obtiene un 46%, Leonel 39% y Peynado 15%, lo que obliga a un balotaje o segunda ronda entre los candidatos que alcanzaron el primer y el segundo espacio, pero se forma el Frente Patriótico y Balaguer y Bosch levantan la mano derecha al novato candidato del PLD, el cual terminóganando por un cercano ganancia, 2.5%.
Leonel Fernández se juramentó en agosto de ese año y desde el principio auspició diálogos nacionales, con la finalidad de cicatrizar heridaspolíticas del pasado y escuchar propuestas sobre los problemas del país.
Fue una porte inteligente del caudillo de Estado, porque su partido, el PLD, escasamente contaba con un senador y 13 diputados, producto del 13% que había acabado su estructura en el certamen comicial de 1994, mientras el PRD contaba con 16 senadores y 57 diputados y el Partido Reformista 14 senadores (más uno que compró del PRD) y 47 diputados.
En presencia de esa correlación de fuerzas congresual,desfavorable al partido oficial, Vicente Bengoa estremeció al país, a mediados de febrero de 1997, al programar un madurez político contra el presidente constitucional, el doctor Leonel Fernández.
El Art. 26, de esa vieja constitución, le daba poder a la Cámara de Diputados para someter delante el Senado al caudillo de Estado, que conforme al numeral 5) del Artículo 23 podía destituir al presidente por mala conducta.
Sin retención, Leonel Fernández no había hecho mínimo que se pueda encuadrar de “mala conducta” ni mucho menos había un acuerdo entre Balaguer y Peña Gómez para quitarlo.
Balaguer nunca se pronunció al respecto y a Peña cuando le preguntaron sobre el pedido de Bengoa se limitó a expresar: “No, no, no, no…” Todo lo contrario: Peña había regalado instrucciones a sus congresistas a no poner obstáculos a las iniciativas del Poder Ejecutor que beneficien al país.
El 22 de febrero de 1997 publiqué un artículo en El Franquista, con el título “La artefacto de Bengoa”, donde califiqué de exceso la porte del economista, porque de eventualmente destituir al presidente, que había manada democráticamente un proceso eleccionario 6 meses antaño, se cometía una injusticia que sentaría un precedente cenizo a la institucionalidad del país.
Y añado: “Es posible que se busque una réplica del madurez y destitución de Abdalá Bucaram, registrada el pasado 6 del presente mes en Ecuador, pero ese caudillo de Estado fue inculpado de estar mentalmente incapacitado”.







