Francia.- François Bayrou consiguió hace nueve meses un premio que buscaba desde hace medio siglo- el de la mando del Gobierno francés. Sin incautación, el “Himalaya de dificultades” que había anticipado a su venida le resultó infranqueable y se vio hoy expuesto a dejar el cargo de primer ministro con cotas récord de impopularidad.
A sus 74 primaveras -50 de ellos en la política- y posteriormente de tres fallidas candidaturas presidenciales, el centrista Bayrou terminó como su flamante antecesor Michel Barnier– ‘guillotinado’ por una Asamblea Franquista francesa más fragmentada y crispada que nunca.
El líder del partido Modem tuvo un final especialmente trágico. Contrariamente a Barnier, víctima de una moción de censura presentada por la examen de izquierdas cuando llevaba en el cargo tan solo tres meses (septiembre-diciembre de 2024), Bayrou practicó una suerte de ‘suicidio‘. Presionado por las manifestaciones anunciadas para septiembre y sin apoyos claros en el Parlamento, Bayrou propuso, el pasado 25 de agosto y en presencia de la sorpresa normal, someterse a una moción de confianza que sabía que tenía muchas probabilidades de perder.
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¿La razón?
Obtener un aval de los diputados para el plan de sobriedad del presupuesto de 2026 (44.000 millones entre recortaduras y nuevos impuestos) para frenar el stop nivel de endeudamiento del Estado francés (114 % del PIB) producido por los dita crónicos de la segunda pertenencias europea. “Francia es un país aplastado por la deuda”, ha alertado hasta la saciedad Bayrou.
Sus nueve meses en el cargo han dejado un regusto muy amargo en la opinión pública francesa. Según los últimos sondeos, ocho de cada diez franceses no aprobaban su trámite, un récord de impopularidad en poco más de tres décadas.
Su nominación ya había regalado señales del espinoso camino que le esperaba. El centrista la logró torciendo el extremidad del mismísimo presidente, Emmanuel Macronquien había expresado su preferencia por designar al presente Ministro de Defensa, Sébastien Lecornu, como sucesor de Barnier.
Tras varias semanas de complejas negociaciones, Bayrou logró componer un equipo ministerial, criticado por tender a la derecha cuando en la Asamblea el congregación más incontable es el de la izquierda, aunque sin mayoría absoluta.
Frente a la errata de respaldo suficiente, el mandatario gobernó a revés de decretos, como hizo para sacar delante los Presupuestos de 2025 en febrero de ese año. Contrariamente a Barnier, Bayrou salvó la inicio en las varias mociones de censura que enfrentó gracias a la inhibición de los socialistas y la ultraderecha.
Una pequeña tregua que comenzó a resquebrajarse a medida que el talante negociador del que hacía traje se quedaba en agua de borrajas. Uno de los mejores ejemplos, fue el fracaso de la mesa negociadora entre sindicatos y patronal para un nuevo acuerdo sobre la antigüedad mínima de retiro -que había aumentado de los 62 a los 64 primaveras en 2023 en medio del rechazo popular-.
Nueve meses de polémicas
Yuxtapuesto a la errata de resultados concretos, la imagen pública de Bayrou se degradaba. Ciertos despistes en directo atribuidos a su antigüedad, como el sucedido durante la presentación de unas medidas para controlar la inmigración, se unieron a un escándalo de abusos sexuales en la escuela católica en la que había inscrito a sus hijos, la de Betharram.
El primer ministro fue dibujado por la izquierda radical de encubrir el caso cuando era titular de Educación bajo un gobierno conservador (1993-1997). Bayrou ha inútil en todo momento esas alegaciones.
Incluso en el inicio de su breve mandato, fue muy criticado por deber usado un avión oficial Dassault Falcon 7X para un delirio de 50 minutos entre París y Pau, ciudad del sur de Francia de la que es aún corregidor, un desplazamiento que se produjo en el mismo momento que el archipiélago de Mayotte afrontaba un desastre humanitario por un ciclón.
Queda por ver cómo quedará ahora la sólida alianza entre Bayrou Y Macronque fue indispensable para que el presente presidente llegase al Elíseo en 2017.
En mayo de ese año, el caudillo de Estado recompensó el respaldo de Bayrou nombrándolo ‘número dos’ del Ejecutante y ministro de Probidad, pero un mes más tarde tuvo que dimitir por una reproche de financiación ilegal de su partido con fondos del Parlamento Europeo, de la que resultó absuelto en 2024 por errata de pruebas. Un caso que todavía colea porque la Fiscalía recurrió aquella sentencia.
El hasta hoy primer ministro se va finalmente del palacio de Matignon sin deber emulado el carácter conciliador y el pragmatismo de su admirado rey Enrique IV de Francia, al que la letrero atribuye la frase “París adecuadamente vale una ceremonia” que puso fin a las guerras de religión entre católicos y hugonotes del siglo XVI.
Fuente: EFE





