Bauman y la sociedad líquida

Las sociedades de hoy día se muestran maleables, cambiantes, menos sólidas y rígidas, se mueven al compás de giros y vertientes inesperadas, y esto, debería conducirnos a la advertencia.

De esa premisa parte el criterio analítico del sociólogo y filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman sobre la sociedad líquida.

La mentalidad y civilización de los pueblos en el presente siglo se ha ido configurando sobre tendencias tecnológicas como la IA, la robótica, la nanotecnología, biotecnología o ciencias de la vida, sinceridad extendida, conectividad y redes emergentes, así como la bioseguridad, que nos muestran una nueva visión sobre el ecosistema que conocíamos.

Resulta paradójico tener, por un banda el desenfrenado avance tecnológico que, secuencialmente, produce una simplificación de procesos y, por el otro extremo, mientras más información y evidencia acondicionado tenemos, menos consistencia y estabilidad prevalecen en nuestros criterios, anhelos y gustos.

Roberto Donaire Salcedo

El origen de los conceptos de Bauman
Para inicios del año 2000, Zygmunt Baum publicó una interesante y fundamental obra citación “Modernidad líquida”, donde aborda con diafanidad muchas de las estructuras modernas que aún se mantienen presentes, pero perdiendo su rigidez y “solidez”. Bauman utiliza como pájaro metafórico la solvencia, para describir lo inestable, lo cambiante, lo que tiende a transformarse con prontitud.

Las instituciones, las relaciones sociales, los compromisos, las identidades, las normas: todo eso “se derrite” en cierta medida bajo la presión del cambio constante.

La evidencia más palpable, de acuerdo a este investigación, son las organizaciones sociales que eran, a su vez, presumiblemente estables como la comunidad, el empleo de por vida, la rutina internamente de la misma comunidad, etc. Según Bauman: “Vivimos en un mundo de expectativas inestables”: siempre hay presión para adaptarse, para permanecer actualizados. Las instituciones sociales tienen menos poder de control; el cambio, lo imprevisto y la sorpresa se vuelven más comunes.

En síntesis, esta obra acoge el planteamiento de que muchos de los conceptos modernos que dominábamos con precisión, como red de amigos, lazos laborales, lealtades religiosas, vocaciones políticas, apego a títulos tecnológicos siguen funcionando, pero como “zombis”, continúan vigentes, pero carentes de estabilidad.

Si hay un acontecimiento que ejemplifica la concepción de sociedad líquida es, indefectiblemente, el cambio conductual provocado entre el descubrimiento de la televisión y su relación presente con el streaming.

De la transmisión de Tele Al
Desde los primeros intentos por alcanzar una transmisión estable de imagen y sonido a mediados de los primaveras treinta, en el Reino Unido, hasta nuestros días, la televisión había sido, con antelación a la revolución del Internet, el medio por excelencia de millones de personas en el mundo.

Décadas posteriormente de la Segunda Aniquilamiento Mundial la televisión evolucionó, aumentó su difusión y amplió su ofrecimiento programática, generando una incesante competencia por la audiencia.

Con la aparición del video on demand, a inicios del presente siglo, en claro desafío a los modelos preexistentes, los gigantes tecnológicos se adueñaron de la atención y, por consiguiente, del mercado.
Ahora lo singular de este aberración, de la tele al streaming, es que vemos como la presente procreación ciudadana asume un comportamiento puro, cambiando de gustos, de intereses, y trasladando su atención con inusitada facilidad de un oportunidad a otro, sin seguir patrones consistentes.

En la ahora, gracias al streaming y a los avances de la tecnología, se produce una severa contradicción: a decano desemejanza en la ofrecimiento de contenido, se elevan las insatisfacciones al mostrar incapacidad de discernimiento para clasificar un producto fílmico a consumir; y lo que resulta más asombroso: lo que me gusta hoy, probablemente no sea de mi gentileza mañana.

La civilización en la era de la modernidad líquida
La identidad cultural como colchoneta sustantiva de las sociedades se preserva como un plan inacabado frente a las flexibilizaciones sociales. Los títulos culturales dejan de ser herencias estáticas para convertirse en opciones que se eligen, se descartan o se transforman a lo generoso de la vida.

La identidad ya no está dada por el oportunidad de salida, la religión o la comunidad, sino que se construye en un proceso continuo de autoafirmación y reinvención. Esto genera un sentido de espontaneidad, pero incluso de inseguridad: el individuo se enfrenta, permanentemente, a una sobrecarga de elecciones.

Una de las realidades más elocuentes lo constituye el avance de la civilización digital: la universalización del reguetón, del k-pop, o el anime, por solo citar algunos ejemplos, se combinan, se asumen con completo vigor, y se abandonan con la misma intensidad.

El consumismo como nuevo valencia cultural
En la sociedad líquida el consumo se ha convertido en el nuevo eje de potencia social. Los títulos culturales se mercantilizan: lo que antiguamente era símbolo de identidad colectiva hoy se mide en términos de atractivo, novedad y circulación en redes. Los títulos culturales actuales privilegian la autoexpresión, la autonomía y la espontaneidad individual, a veces en detrimento de la pertenencia estable a grupos comunitarios.
Con decano frecuencia vemos la tendencia de un intérprete o celebridad a realizar un “challenge” en redes con la capacidad de volverse mundial en semanas y, en esa misma proporción, desaparecer en días, sin dejar huellas profundas.
Esto que podríamos detallar como civilización líquida, tiene la propensión a crear relaciones más superficiales, vínculos temporales y compromisos culturales menos duraderos. El acción directa digital, que permite apoyar causas globales a través de un clic, muchas veces involucra al individuo sin un compromiso estructural ni sostenido.
La sociedad líquida, según Zygmunt Bauman, describe un mundo caracterizado por la fragilidad, la fluidez y la constante transformación de instituciones, títulos y relaciones. En este situación, la espontaneidad y la flexibilidad se amplían, pero con ello, una creciente sensación de inseguridad, individualización y responsabilidad personal frente a desafíos que antiguamente eran retos de la colectividad.
Definitivamente, está sociedad, mientras más se simplifica más compleja se vuelve en su manejo.

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