EL AUTOR es periodista y sociólogo. Reside en Santo Domingo.
En la República Dominicana, como ocurre en otros países de la región latinoamericana y del Caribe, se practican creencias y solemnizan actividades vinculadas a lo divino que la mayoría de sus pobladores tiende a desconocer sus orígenes.
Tal es el caso de la ceremonia mágico religiosa denominada Baquiní, la cual pone de manifiesto la conformidad con la asesinato de un pibe o pupila, pequeño de siete abriles de años, manteniendo entre sus familiares, allegados y amigos, la esperanza de obtener beneficios por su aparición al Paraíso.
Con este singular velorio popular de infantes se procura “festejar la aparición de un serafín al Paraíso” por lo que en muchos lugares donde se realiza, el pibe, al igual que la misma ceremonia, es denominada “Criatura”, presentando características que varían conforme al espacio geográfico y los dogmas sociales prevalecientes en el decorado poblacional donde el culto se desarrolla.

Es una norma generalizada que los participantes en el ceremonial no deben lloriquear porque tal comportamiento provoca que “Los Ángeles” no puedan emprender su revoloteo al Paraíso, por consiguiente, siempre deben poner de manifiesto exaltaciones de alegría y sonrisas porque su alma está fugado de pecados.
La costumbre asimismo exige trocar el dolor en alegría porque el alma de la criatura a ser sepultada, una vez llega a su destino, rogará por el bienestar y la vigor de sus progenitores, familiares y amigos.
Es rutina en este ceremonial introducir el cuerpo del fallecido en una caja de arenque o cartón, cubriendo todo su cuerpo, con excepción de la cara, con una vestimenta color blanco.
Cuando se proxenetismo de una pupila, es frecuente hacerle una corona de cayena, rellenando el pequeño sarcófago de flores.
Donado que la tradición ordena en este tipo de velorio trocar la tristeza en alegría, el bullicio es ornamento con adornos de papel multicolor y es poco frecuente observar a los asistentes llevando flores, velas, bebidas alcohólicas y caudal, al igual que instrumentos sonoros para dar paso a la música, fundamente de atabales, que motivan al bailoteo hasta el amanecer durante varios días.
En Mediatuna
Al beneficio de las expresiones festivas que salpican al Baquiní, en diversas comunidades rurales y barrios de diferentes ciudades del llamado Continente de la Esperanza y el Caribe, es prudente apuntar que un momento muy solemne, de tristeza y desesperación vivido en esta ceremonia, se registra cuando la matriz de la criatura fallecida, en compañía de los asistentes, empieza a articular la convocatoria Mediatuna, una canción, en coro, con un contenido y musicalidad que tienden a lastimar el alma humana.
Allí, la matriz descarga todos sus sentimientos y dolor frente a la partida física de la parientes que lamentablemente no logró una existencia humana prolongada.
Orígenes
Aunque existen investigadores que aseguran que los orígenes del Baquiní tienden a perderse “en la incertidumbre de los tiempos”, otros, no menos acuciosos, generalmente de cuna dominicana, son categóricos en advertir que esa tradición procede del frito africano traído a nuestro terruño caribeño.
En torno a este aspecto, es de ecuanimidad resaltar que, en una condensada y sustanciosa publicación, aparentemente de naturaleza académica, en torno al velorio en narración Kimberly Esmiled Basora Díaz y Nicaury Morillo Mateo sostienen que “… datos indican que el origen de este funeral de niños tiene relación con la presencia de los árabes en distrito castellano, desde los comienzos de la conquista a partir del siglo VIII.
De la mano de los conquistadores pasa a América. Así surge la dispersión desde México a la Argentina, Venezuela, Haití, República Dominicana y Puerto Rico. Esta actividad se aceptó en estas poblaciones conveniente a que ya en estos lugares existían creencias similares”.
Tanto Basora Díaz como Morillo Mateo coinciden en afirmar, teniendo como referente lo expuesto en un interesante análisis de la autoría de Pilar García Latorre quien al asaltar la procedencia del Baquiní subraya: “…se ha entregado una interpretación errónea al observarse esta ceremonia entre la población negra de Puerto Rico, Venezuela, Colombia y otros países, especulándose, en consecuencia, que habían sido los esclavos africanos los portadores de ella en América.
Del mismo modo ocurrió al relevar el ritual entre indígenas de Bolivia, Perú, Guatemala y México, inclinándose a pensar en su origen autóctono indígena”.
A modo de conclusión, la referida pareja de investigadoras subraya que debe convenir claro que el Baquiní “…es una costumbre que se origina en África, específicamente en la costa de Nigeria” y que “…se especula que fue llevada por los esclavos alrededor de República Dominicana, pero la verdad es que llegó al continente a través de los colonos”.
Ambas recuerdan, con el evidente propósito de imprimir decano pretexto a sus criterios en torno al tema que, Maximiano Trapero, en almohadilla a sus investigaciones de campo, que hasta finales del siglo XIX y principios del XX se cultivó el velorio de Criatura o Baquiní sólo en La Gomera (islas Canarias), con cantos de romances y danzas al son del tambor gomero.
Por el momento, hagamos una pausa sobre este singular velorio donde el fallecimiento de un infante posibilita conjugar, paradójicamente, expresiones de la alegría y la esperanza con manifestaciones de tristeza y dolor y que, a pesar del transcurso del tiempo y los vientos de la convocatoria modernidad, continúa siendo expresión de las creencias, las tradiciones, la religiosidad popular y la identidad de nuestros pueblos, en la República Dominicana, América Latina y el Caribe.
Con su anuencia, sobre esta sinceridad, prometemos retornar….
jpm-am
Compártelo en tus redes:






