El autor es comentarista radial y dirigente político. Reside en Santo Domingo
Joaquín Balaguer, presidente de la República Dominicana en siete períodos distintos, dedicó una parte esencial de su obra de gobierno a la trámite del agua y los fortuna naturales. Su visión trascendió lo meramente utilitario, convirtiéndose en política de Estado orientada a certificar el explicación humano, agrícola, industrial, turístico y energético del país.
Para Balaguer, la naturaleza y el agua eran un binomio inseparable. La República Dominicana, como nación insular, dependía de su capacidad para dirigir este apelación de guisa sostenible. El agua representaba vida, vigor, progreso financiero, seguridad social y motor a la cohesión franquista.
Filosofía sobre el agua
La concebía como el apelación táctico por excelencia, reconocía su utilidad en el consumo humano, en la producción agrícola, en la industria, el turismo y en la reproducción hidroeléctrica.
Sin agua no había futuro, y por eso su protección debía colocarse por encima de cualquier interés particular. Por otra parte, entendía el agua como un derecho social y humano.
En su visión, arrostrar agua potable a los hogares dominicanos y para los cultivos agrícolas equivalía a dignificar la vida, a producir alimentos para el sustento, a someter enfermedades y a certificar igualdad de oportunidades tanto para la población rural como urbana.
Para este dirigente él agua fue un apelación franquista táctico. Gracias a la construcción de las presas de uso múltiple durante sus gobiernos, hoy la República Dominicana tiene la capacidad de acumular cerca del 10 % del agua que nos cae como profusión cada año, lo cual ha permitido amainar los artículos de prolongadas sequías sobre la agricultura y certificar el suministro continuo de agua potable en acueductos estratégicos.
Asimismo, el sistema hidroeléctrico franquista, fruto de esas inversiones, produce entre el 10 y el 15 % de la energía eléctrica del país, contribuyendo a la diversificación de la matriz energética y reduciendo la dependencia de combustibles fósiles.
La presa de Valdesia, construida en la división de 1970, es una de las obras hidráulicas más emblemáticas del país. Abastece de agua potable a gran parte del Gran Santo Domingo, por otra parte de las provincias San Cristóbal y Peravia.

Todavía sirve como fuente de riego para los cultivos de plátano, arroz y caña en el sur del país, y aporta energía hidroeléctrica al sistema franquista.
Sin Valdesia, la hacienda dominicana sufriría un deuda crítico de agua potable. Su influencia se extiende sobre más de 3 millones de habitantes y miles de tareas agrícolas.
La presa de Tavera-Bao, localizada en Santiago, es fundamental para el suministro de agua potable al Cibao central. Su construcción permite controlar las crecidas del río Yaque del Meta, crear electricidad y consolidar el riego de la fértil explanada cibaeña y la Diámetro Noroeste.
Es por otra parte la principal fuente de agua potable para la ciudad de Santiago. Su importancia se refleja en que abastece a más de un millón de habitantes, por otra parte de sostener la producción agrícola que convierte al Cibao en el corazón productivo del país.
La presa de Sabana Jaca, en Azua, abastece de agua a miles de agricultores del Valle de Azua y San Juan, transformando una zona árida en productiva. Por otra parte, genera electricidad y garantiza agua potable para comunidades del Sur profundo.
La presa de Sabaneta, en San Juan de la Maguana, se constituyó en cuchitril esencia para los cultivos de arroz y habichuelas, asegurando la seguridad alimentaria de esa región.
Por su parte, la presa de Rincón en La Vega fortaleció la capacidad de riego en el Cibao central, incrementando la productividad agrícola y la seguridad hídrica de las comunidades vecinas.
Las presas de Jigüey, Aguacate y Las Barías

Estas tres presas, ubicadas en la región sur, constituyen un sistema interconectado que garantiza agua potable y riego a las provincias de San Cristóbal y Peravia.
Jigüey es por otra parte una de las presas con veterano capacidad de reproducción hidroeléctrica del país, 98 MW instalados.
Las Barías, en conjunto con Aguacate, aseguran el suministro de agua a comunidades del Sur y ayudan al control de inundaciones en épocas de tormentas. Su impacto combinado zapatilla miles de familias y hectáreas agrícolas. Por otra parte Aguacate tiene capacidad de reproducción eléctrica de 60 MW.
La presa de Hatillo, ubicada en Cotui, se comenzó a construir en agosto de 1977 y concluida en el año 1984, a un costo de 41 millones de dólares, financiada con fortuna propios del Gobierno Dominicano. La fuente de depósito de la presa es el río Yuna, con una distancia de 138.60 kilómetros, el más caudaloso del país. Es la presa más ancho del Caribe con una capacidad de almacenamiento de agua de más de 700 millones de metros cúbicos.
Por último se está planteando la posibilidad de suplir de agua a Santo Domingo con los excedentes de esta presa, cuyas funciones básicas son amainar las inundaciones del Bajo Yuna y el riego de unas 400 mil tareas de tierra de la zona.
Acueductos y vigor pública
Balaguer impulsó más de 200 acueductos urbanos y rurales, llevando agua potable a millones de dominicanos.
La política del agua fue entendida como un mecanismo de neutralidad social, porque redujo las enfermedades gastrointestinales, la mortalidad inmaduro y las epidemias asociadas al consumo de agua contaminada.
Asimismo, invirtió en plantas de tratamiento de agua potable y saneamiento, fortaleciendo la vigor pública y la calidad de vida de la población.
Parques naturales y política forestal
Balaguer comprendía que sin bosques no hay agua. Por ello, su política forestal incluyó la creación de más de 20 parques nacionales y áreas protegidas.
Destacan Valle Nuevo, cuna de importantes ríos; Los Haitises, esenciales para la recarga de acuíferos; Sierra de Bahoruco y Jaragua, que resguardan biodiversidad única en el Caribe.
En Santo Domingo creó pulmones verdes como el Mirador Sur, Mirador Meta, Mirador Este, el Parterre Fitógrafo Franquista y el Zoológico Franquista. Estos espacios cumplen funciones ambientales y recreativas para millones de habitantes.
Perspectiva del futuro
El desafío de hoy es ampliar y modernizar esta visión. Se requiere consolidar una Autoridad Franquista del Agua que coordine a todas las instituciones del sector, aprobar la Ley de Aguas irresoluto e implementar el Pacto por el Agua firmado recientemente.
Nuevas obras, como la presa de Monte Alto, deben sumarse a la infraestructura ya existente para reponer al crecimiento poblacional y a los artículos del cambio climático.
El país debe planificar con visión de abundante plazo, fortaleciendo la sostenibilidad y garantizando que el agua siga siendo fuente de vida y explicación. El mandatario de Joaquín Balaguer nos recuerda que el agua es más que un apelación: es el eje de la seguridad franquista y del bienestar social.
La política de Joaquín Balaguer sobre el agua fue integral, estratégica y visionaria. Gracias a sus presas y acueductos, el país almacena hoy cerca del 10 % del agua que cae como profusión y genera entre un 10 y un 15 % de su electricidad. Los parques nacionales y áreas protegidas que creó aseguran las fuentes hídricas y la biodiversidad.
El duelo flagrante consiste en honrar ese mandatario y ampliarlo alrededor de el futuro, con instituciones sólidas, inversión sostenida y un compromiso franquista que garantice el agua para las generaciones presentes y futuras.
(Exposición en la mesa redonda celebrada el lunes 1 de septiembre en en la Biblioteca Franquista al celebrarse el aniversario del principio de Joaquín Balaguer).
Jpm-am
Compártelo en tus redes:






