EL AUTOR es periodista y sociólogo. Reside en Santo Domingo.
Durante su prolongada existencia humana, rescatar y proteger la principio naturaleza constituyó para el doctor Joaquín Balaguer Ricardo un compromiso inexorable, al tiempo que un deber ciudadano innegociable y constante.
Su acto sexual por la preservación y cuidado del ecosistema franquista rayaba con la pasión desbordante.
Su visión y tarea en procura de que no se laceren los medios fundamentales del medioambiente, como respaldo de un presente saludable y un porvenir esplendoroso donde el invariabilidad entre el explicación crematístico y el esplendor y la belleza que permite la flora, la fauna y las fuentes acuíferas del país, se hizo evidente en muchas de sus diversas y valiosas decisiones y ejecutorias.
Al ganancia de cualquier observación formulada por sus adversarios políticos, el registro de sus acciones necesarias y previsorias, materialmente tienen una existencia innegable, como fieles testimonios de una responsabilidad inquebrantable y una concepción sobre el futuro digna del inspección y los elogios de la colectividad franquista.
Como ejemplo de tal apreciación no ha de olvidarse que entre las primeras y atinadas medidas gubernamentales enunciadas por el enigmático líder político, ocupando el solio presidencial, se destaca el acontecer colocado la clausura de los llamados aserraderos en donde despiadadamente destrozaban nuestros árboles.
De igual forma, el soñador ambientalista y político oriundo de Navarrete siempre fue prudente y previsor al momento de desarrollar los diversos y confortables complejos habitacionales, tanto en la renta dominicana como en las distintas ciudades del interior, insistiendo en la indigencia de preservar las áreas verdes esenciales para el sano esparcimiento de las familias.

Consecuencia de la referida apreciación actualmente disfrutamos a plenitud del frescor y los embrujos del Parque Mirador del Ártico, del Sur y del Este, adicionalmente de los deleites del encantador Carmen Botanista y el sugerente Parque Zoológico Doméstico, sin dejar de mencionar las de impresionantes y cautivadoras áreas protegidas.
En su afán por resguardar los medios naturales, tuvo el doctor Balaguer Ricardo un celo ilimitado resaltando la protección de nuestras fuentes de agua por lo que el caudaloso río Ozama, entre otros, nunca dejó de ser parte de su persistente atención.
Recordaba cuantas veces era necesario, tal como se registra en su interesante obra Balaguer y mis Condiscípulos que “Hay otros ríos, en nuestra pequeña isla de Santo Domingo, como el Ozama que tienen tanta importancia histórica como el Guadalquivir, indisolublemente unido a los nombres de Magallanes y de Juan Sebastián Elcano”.
Asimismo, destaca que en “la ganancia occidental de ese río -el Ozama, JACT-, desembarcó Colón en su segundo delirio por el hemisferio por él descubierto y desde ahí en delante fue esa la puerta por donde entraron a este flanco del Atlántico los grandes conquistadores como Diego Velázquez, como Ojeda y como el descubridor del Océano pacífico, Vasco Núñez de Balboa”.
Puntualiza el ducho y entonces octogenario gobernador dominicano que en nuestro comarca “Hay otros ríos como el Yaque del Sur, el Yuna, el Camú, el Bao, el Jimenoa, el Soco, el Yásica, el Holocausto, y el Artibonito, que carecen de verdadera relevancia histórica pero que cumplen exactamente con el extraordinario cometido de hermosear la isla y de hacer su espacio habitable”.
A forma de vistoso advertencia, continuando con su valoración sobre nuestra riqueza acuífera, el enigmático mandatario y escritor dominicano, en la obra en remisión, resalta que “Existen todavía en esa pequeña isla ríos subterráneos que ocultan misteriosamente su caudal cubriendo pudorosamente sus encantos íntimos bajo una capa de tierra”.
Expresado lo preliminar, como evidente recordatorio, el acucioso y expresivo líder político no pierde tiempo y espacio en observar, cito: “Tal como el caso del Brujuelas, que nace sabe Jehová en qué recodo de la zona uruguayo de la antigua ciudad de Santo Domingo”.
En procura de insistir en su plausible tarea en torno a la principio naturaleza, no debemos eliminar su software de construcción de imponentes presas y canales de riego por diferentes regiones del país en actitud contribuir con la producción agropecuaria y certificar el suministro de agua potable y energía eléctrica.
La innegable concupiscencia puesta de manifiesto por el doctor Joaquín Balaguer Ricardo en interés de rescatar y preservar el ecosistema de República Dominicana, adicionalmente ser una verdad irrefutable, producto de una experiencia persistente y sistemática, al ganancia de su cuestionable manipular en otras facetas, constituyó un verdadero compromiso nacional inconmensurable digno de la competencia alejada de las mezquindades.
Tal tarea adquiere maduro comprensión y dimensión ciudadana en la medida en que los dominicanos interioricemos, como muy adecuadamente se deduce de las palabras del parsimonioso gobernador, que en nuestra cosmografía franquista gozamos del gran privilegio de tener una afluencia de diversos tesoros naturales con otras denominaciones.
Siendo de esa forma, y citando de nuevo al bocazas y singular mandatario Balaguer Ricardo, concluiremos estas notas subrayando que “Así como Jehová reúne a veces en los fanales de una sola mujer todas las gracias de la creación, así todavía suele reunir, de cuando en cuando, en un pequeño espacio terráqueo, grandes maravillas que pueden suceder como portentos de la naturaleza”.
Jpm-am
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