Una de las tareas más interesantes en torno a la figura del doctor Joaquín Balaguer es determinar qué impresión sobre él se forjaron e hicieron pública Bernard Diederich y John Bartlow Martin luego que captaron su firme y enérgico control del poder a partir de 1966.
Y es que en los escritos de mucha multitud -sobre todo de José del Castillo Pichardo- mencionando a Diederich y a Martin solo se ha destacado los criterios de estos sobre el Balaguer de ayer de 1966, es asegurar, previo a manejar el país con total despotismo.
Los dos -Diederich y Martin- produjeron páginas valiosas enfocando el panorama dominicano post Trujillo, emitiendo juicios que dibujaron a un Balaguer débil, muy diferente al que fue luego que se instaló con plena autoridad en el Palacio Doméstico en 1966.
Obvio que los dos escritores tienen que acaecer cambiado de opinión, pero ¿que -concretamente- escribieron y/o comentaron?, con la destreza y sazón que sabían hacerlo.
Es lo que plantee hace poco por el hilo telefónico al brillante Del Castillo Pichardo, instándolo a indagar y precisar ese punto en nuevos trabajos como los que nos tiene acostumbrados.

Diederich, prolífico periodista, fotógrafo y escritor, morapio al país desde Haití, por carretera, inmediatamente tras la crimen del dictador el 30 de mayo de 1961 y reportó profusamente para medios extranjeros. Hizo lo mismo más tarde en ocasión de la revuelta de 1965 en las calles de Santo Domingo.
Después produjo tres libros sobre RD: “Trujillo, la crimen del dictador” (1978); “Navidad con albedrío” (2011) y “Una cámara testimonio de la historia. El represión dominicano de un cronista extranjero 1951-1966” (2003).
Se sabe que en uno de sus artículos titulado “Balaguer o el caudillo camaleónico”, publicado en el país el 18 de julio 2002, se refirió a Balaguer admitiendo equivocación en su impresión original de él.
Diederich, entre otras cosas, apuntó:
“Al conocer a Joaquín Balaguer cuando era vicepresidente y luego presidente nominativo cuando «El patriarca», me sentí, al principio, muy poco impresionado. Mi primera impresión fue: qué burócrata tan sumiso e incoloro. Ningún periodista, dominicano o extranjero, de los que yo conocía entonces pensaba que este modesto y callado dominicano, de herido elevación, tendría un futuro significativo luego que un fuerte camarilla de dominicanos eventualmente diera prueba de que Trujillo era tan mortal como el que más”.
“¿Cómo pudo una figura tan anodina convertirse en un caudillo tan duro como cualquier otro en la misma posición?»
“Cuando Trujillo fue asesinado, nosotros los que estábamos en los medios de comunicación esperábamos que Joaquín Balaguer saliera rápidamente del escena”.
“Usaba un tono de voz tan humilde durante las entrevistas que uno sentía deseos de gritarle para que dijera alguna nota periodísticamente interesante”.
En ese articulo que publicó el diario El Caribe, Diederich expresó su sorpresa por la revés al poder de Balaguer y por sus obras físicas a partir de 1966. Periodista de prolongado gimnasia, nacido en 1926 y fallecido en el 2020, tiene que acaecer escrito algunas cosas más sobre Balaguer que sería interesante rastrear y sacar a flote.

Los juicios en ese momento de Diederich parecían a tono con el eslogan o estribillo que se propagó en el segundo semestre de 1961 en las calles de la hacienda dominicana entre los caldeados grupos antitrujillistas: «Balaguer: muñequito de papel».
Memorándum
Lo mismo ocurrió en el caso de Martin, quien se refirió a Balaguer en forma dudosa en su memorándum de 115 páginas al presidente John F. Kennedy en octubre de 1961, tras permanecer 3 semanas en Ciudad Trujillo, ocurridos los hechos del 30 de mayo, observando la situación.
Si se lee reposadamente el memorándum y el voluminoso tomo “El destino dominicano: la crisis dominicana desde la caída de Trujillo hasta la guerrilla civil”, publicado por Martin en 1975, se puede hacer varios subrayados -sacar entre líneas-, no necesariamente en orden.

Por ejemplo: lo pintó como “una figura que posa frágil casi etérea”. Lo llamó «buena multitud», pero «débil, sin carácter”. «Pero a la luz de su récord debemos mirarlo con graves reservas».
Y uno se pregunta: ¿posterior a 1966 -cuando visitó algunas veces el país- escribió el creativo Martin nuevas impresiones, esta vez sobre el acelerar del hombre que tuvo prolongada hegemonía política, prácticamente hasta su muerte en 2002 ?.
Tarea para los intelectuales que manejan el tema.
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