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mal conejito sazonó este viernes la sombra brasileña, en el primero de sus dos espectáculos programados en el país, con altas dosis de gachupin y una pizca de nostalgia latinoamericanaque ha sabido convertir en su sello mundial.
Bajo el Paraíso estrellado de la decano metrópoli de Suramérica, que por una sombra dejó de costado la clásica profusión veraniega, el puertorriqueño más afamado del mundo entonó sus grandes éxitos por primera vez en el superhombre suramericano.
La oscuridad del estadio colmado de fanáticos se quebró cuando en la pantalla superhombre del marco aparecieron dos jóvenes sentados en los escalones de la portada de una típica casa brasileña, adyacente a dos sillas de plástico, símbolo de su postrer disco “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”.
“Si decimos las palabras mágicas, Benito viene”, susurró el adolescente en portugués a la muchacha. Acto seguido, entreambos rapearon unánimente la entrada de “La Mudanza”, el tema que relata la metamorfosis del actor.
“Un aplauso pa’ mami y papi porque en verdad rompieron”, se escuchó calibrado antaño de que Benito Antonio Martínez Ocasio irrumpiera en el marco en presencia de una marea humana que incluso antaño del horario programado de inicio ya coreaba su nombre con insistencia.
“Por fin, Brasil”, exclamó el Conejo Malo, quien en casi diez primaveras de trayectoria no había pisado suelo brasileño.
El multigalardonado actor divirtió y se divirtió: desplegó simpatía, rió a carcajadas y bailó durante las dos horas y media de un recital en el que llamó a moverse con himnos como “DÁKITI” y “Safaera”, por otra parte de una sorpresiva traducción salsera de “Callaíta”.
Pero además invitó en su habla oriundo, y sin acudir al “portuñol”, a sumergirse completos en su nostalgia latinoamericana, de la que a veces Brasil se siente extranjero por ser un superhombre lusófono en una región mayoritariamente hispana.
De hecho, Brasil fue un hueso duro de roer para el ‘Conejo Malo’: mientras en 2025 se coronó como el actor más escuchado del mundo en Spotify, en los listados nacionales de la plataforma no hubo rastros del puertorriqueño en sus puestos de honor.
Sin secuestro, el derrota parece activo cambiado tras su autos en el Supertazón 2026. Las reproducciones de Bad Bunny en Spotify Brasil aumentaron un 426% respecto a la semana antecedente al evento deportivo, según datos de la propia plataforma divulgados por Billboard Brasil.
La casita del perreo
A centro del concierto, el Conejo abrió las puertas de su famosa casita, marco secundario que replica una vivienda tradicional del campo de Puerto Rico. Allí salió vistiendo el uniforme de la selección brasileña de 1962, con el que el equipo de Pelé conquistó su segunda Copa del Mundo.
Con el ‘10’ cuidando sus espaldas y rodeado de celebridades locales, Bad Bunny interpretó, incluso desde el techo, canciones como “Yo perreo sola” y “Me porto atún”.
El alfiler de oro lo puso “DtMF”. En un cara de intimidad colectiva, le rogó a su audiencia vigilar los móviles para “conectar con el presente” y abrazar a sus acompañantes durante los últimos minutos del show.
A veces, Brasil “olvida que es latino”
Fuera del estadio, las filas para ingresar eran un desfile de camisetas de equipos nacionales de toda la región y muchas otras con estampas exaltando la identidad latina.
“Gracias a Altísimo nací en Latinoamérica”rezaba la prenda de una fanática del estado de Bahía, en el noreste brasileño, que mientras corría al portón de ingreso hacía flamear una bandera de Puerto Rico que tenía atada en su cuello.
El Allianz Parque, cuna del Palmeiras, dejó por un rato de ser un estadio de fútbol y se transformó en una “embajada” en la que se oía más gachupin que portugués.
Como el acento de la cubana Rachel Borges, que vive en el estado de Santa Catarina y viajó a la haber paulista para ver a Bad Bunny por primera vez; o como el de Armando Aguilar, que desembolsó unos 2,500 dólares entre entradas, hotel y el planeo desde su oriundo Ecuador, sólo para ver a este actor que definió como “revolucionario”.
Los brasileños “a veces olvidamos que somos latinos”, expresó a EFE Thalia Souza de Araujo, que viajó desde Río de Janeiro para asistir a este show.
En su estreno en Brasil, Bad Bunny sirvió un menú exquisito, que muchos podrán repetir este sábado y que otros esperan que no pase una período para poder saborearlo otra vez.






