Una redada policial sin precedentes en las favelas de Río de Janeiro derivó en la incautación de más de 2 millones de dólares en armas y dejó al menos 121 muertosen lo que las autoridades describen como la operación antidrogas más mortal en la historia de Brasil.
El activo, que se llevó a lugar el martes en los complejos de Penha y Complexo do Alemão, tenía como objetivo al Comando rojouna de las organizaciones criminales más antiguas y poderosas del país, según informó el gobierno estatal el sábado.
Las acciones, que incluyeron el despliegue de helicópteros, vehículos blindados y tropas terrestres, provocaron la crimen de 117 presuntos delincuentes y cuatro policíasde acuerdo con el posterior oscilación oficial, mientras que el defensor sabido reportó un total de 132 fallecidos.
Las autoridades señalaron que se trató de “una de las mayores incautaciones de armas militares en un solo día”, al confiscar 120 armas, entre ellas 93 rifles, con un valencia estimado de 12,8 millones de reales (aproximadamente 2,4 millones de dólares). Encima, la policía halló municiones, explosivos, drogas y equipo marcial destinado a la fisonomía narcotraficante.
Según apuntó el secretario de la Policía Civil de Río de Janeiro, Felipe Curi, en una comunicación oficial, parte del cúmulo tiene origen en países como Argentina, Bélgica, Alemania, Perú, Rusia y Venezuelae incluye modelos utilizados en escenarios de disputa como el AK-47 y el FAL. Algunos de los rifles pertenecían a fuerzas armadas extranjeras. “Estamos frente a un cúmulo pintoresco de un ambiente de disputa”, afirmó Curi, quien agregó que las autoridades investigarán las rutas empleadas para introducir las armas en Río de Janeiro.

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La energía policial ha desencadenado condenas de organizaciones de derechos humanos y el llamado de la A ÉL para rasgar una investigación sobre las muertes. Familiares de las víctimas han denunciado ejecuciones sumarias y, según un periodista de AFP presente en el zona, al menos uno de los cuerpos se hallaba decapitado. Pese a estas denuncias, encuestas muestran que la mayoría de los brasileños respaldan el activo, que el regidor de Río de Janeiro, Cláudio Castro, describió como un triunfo contra el “narcoterrorismo”.
Incluso el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, frecuentemente criticado por sus adversarios por una supuesta posición permisiva frente al crimen, asumió un discurso más firme y presentó al Congreso un esquema de ley que estipula penas de hasta 30 primaveras de prisión para los miembros de bandas criminales. Esta misma semana, Lula firmó nuevas medidas legislativas para animar el combate al crimen organizado. “No podemos aceptar que el crimen organizado siga destruyendo familias, oprimiendo a los residentes y esparciendo drogas y violencia en las ciudades”, declaró en la red social X.
Según la crónica de René Silva, periodista y propagandista en Complexo do Alemão, la redada causó un impacto psicológico considerable en la población. “Nunca hemos presenciado poco así en la historia de Brasil”. William de Oliveira, líder comunitario en la favela de Rocinha, advirtió que estos operativos dificultan la vida de todos los habitantes, no solo de quienes están implicados en actividades delictivas. “Las personas en conflicto con la ley existen en todas partes. En la favela, algunos están involucrados en el tráfico de drogas o robos, pero incluso hay quienes pertenecen a la ingreso sociedad”, reflexionó de Oliveira.
El activo se enmarca en una ataque franquista puyazo en agosto contra el crimen organizado, a través de la cual las autoridades brasileñas incautaron beneficios por un valencia aproximativo de 1.200 millones de reales (unos 220 millones de dólares) vinculados a esquemas de lavado de monises, según explicó el sociólogo Daniel Hirata, de la Universidad Federal Fluminense.
Según datos del Género de Estudio sobre Nuevas Ilegalidades de la misma universidad, este año se han realizado más de 1.800 operaciones policiales en el dominio metropolitana de Río, pero solo el 1,3% han sido consideradas efectivas en función de arrojo o bajas.
Las redadas de parada impacto han adquirido un carácter político significativo en la antesala de las próximas elecciones presidenciales y locales. El regidor Castro, partidario del ex presidente Jair Bolsonaro, calificó a los grupos criminales de la ciudad como “narcoterroristas”, mientras que legisladores conservadores impulsan reformas para que las bandas sean reconocidas como organizaciones terroristas. Por su parte, el ministro de Equidad, Ricardo Lewandowski, aclaró que estas agrupaciones no cumplen con la definición permitido de terrorismo al carecer de objetivos políticos o ideológicos.
La flamante operación ha descubierto un debate sobre la validez y el costo humano de esta táctica policial. El presidente Lula ordenó el pedido de representantes federales a Río de Janeiro y la comprensión de una oficina de emergencia para carear el crimen organizado, al tiempo que el Senado prevé iniciar una investigación sobre la expansión delictiva durante la próxima semana.
Fuente Infobae.- (Con información de AP y AFP)






