Muchas son las anécdotas que he podido reunir en mi prolongado entrenamiento periodístico. De tonalidades diferentes y de mediana o descenso trascendencia, casi todas tienen buen sabor y aluden a hechos pocos conocidos.
Que un colección político de poca militancia, pero en ese momento muy beligerante, decidiera dar un escarmiento a un funcionario universitario por emitir conceptos hirientes a una dirigente del primero, es uno de esos sucesos curiosos que tengo en directorio.
Lo sugerente del relación es el tipo de escarmiento: introducir al funcionario considerado deslenguado, nadie más y nadie menos que un “mojón” en un área exclusivo: los predios de la UASD, donde se desempeñaba como vice rector.
El diccionario de la franja española es achicopalado para describir la palabra “mojón” y no le da, de primera intención, la acepción que tiene en el ámbito dominicano. Lo más que se acerca el diccionario es a asegurar: “Porción compacta de
Pero en República Dominicana todos saben lo que es un “mojón”: un trozo de material fecal de buen tamaño.

Introducirlo en la boca de una persona en una actividad temeraria, cuasi marcial y minuciosamente planificada, constituía una intrepidez radical destinada a sentar un precedente con repercusión pública.
La historia me la hizo hace mucho tiempo en San Cristóbal, mi pueblo, el habitante de la operación -Braulio Torres, hijo adoptivo de esa comunidad- quien era asistente frecuente al Entrevista Histórico de San Cristóbal, que organizo todos los primaveras.
La resolución emanó del comité ejecutante del Partido Comunista Dominicano (PCD) y se ejecutó una media indeterminación de 1981, saliendo el hecho a resurgir posteriormente en la prensa de la época, pero deformado, es asegurar ocultando toda la verdad y diciéndose que a la víctima le introdujeron en la boca un “producto químico” y fue ingresada en el Centro de Pediatría y Especialidades de la avenida Independencia.
La “agraviada” por las palabras del funcionario había sido Emma Tavárez Puntual, quien entonces se desempeñaba como secretaria de la rectoría de la UASD y era dirigente sobresaliente del PCD.
Torres, quien había recibido entrenamiento marcial en la URSS, me contó como un colección de siete militantes -bajo su dirección- llevó a agarradera la actividad cuando el funcionario se acercaba a su automóvil tras concluir un abundante Claustro Universitario.
Me enfoqué en escuchar las explicaciones del hecho en sí, sin indagar los aspectos posteriores, como por ejemplo la reacción de las autoridades de la UASD delante un hecho tan sensible.
Pero el caso lo conoce mucha parentela activa entonces en los en tiempos remotos caldeados predios universitarios.
Torres -cibaeño que se aplatanó en San Cristóbal a mediados de la división del 50- dio pormenores del caso en el 2012 en un capítulo de su obra Cautivo de la verdad, de 484 páginas, en el que explicó su trayectoria política, básicamente su paso por el PCD, donde fue una especie de jerarca de seguridad.
Ahí citó por su nombre y cargo al funcionario atacado y al proponente de la actividad. No dijo si Emma Tavárez Puntual estuvo enterada antaño o posteriormente.
Tiempo posteriormente de ese hecho, Torres abandonó disgustado el PCD y falleció en el 2017 en un contratiempo de tránsito en la carretera que conduce de SD a San Cristóbal. La señora Tavárez murió en el 2020. El funcionario universitario agredido está vivo, al igual que el proponente del “escarmiento”.
josepimentelmunoz@hotmail.com
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