El cerebro de la mujer experimenta durante la maternidad (desarrollo, parto y posparto) cambios de forma «mucho más pronunciada y dinámica» de lo que lo hace durante toda la adolescencia, según explica a EFE la neurocientífica Susana Carmona, directora del categoría de investigación ‘Neuromaternal’ del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.
Carmona, que ha impartido la conferencia inaugural en el XIII Congreso Gachupin de Crianza Materna que se celebró hasta el sábado pasado en Sevilla, es la responsable de estudios pioneros a nivel internacional sobre cómo cambia la individuo del cerebro de la mujer durante esta etapa, poco que, «por sorprendente que parezca, hasta hace poco no se había investigado».
«Lo que hemos hecho es poner títulos estadísticos robustos y sólidos a lo que todas las mamás sabíamos, que es que el preñez y la maternidad nos cambian profundamente», dice la doctora en Neurociencia.
Detalla que se producen reducciones en el prominencia de la sustancia mediocre durante la desarrollo que tienen un punto de inflexión aproximadamente del parto y que luego revierten levemente, pero no llegan a retornar a la crencha saco, unos cambios que persisten durante primaveras.
Un «‘prosperidad’ hormonal» que además cambia el cerebro
«Igual que no le puedes pedir a una mujer que vuelva a ser como era antiguamente de la adolescencia, no le puedes pedir a una mamá rápidamente que vuelva a ser la de antiguamente una vez ha cubo a luz porque físicamente, incluyendo su cerebro, ya no es la misma», sentencia.
La responsabilidad de esto la tiene «un enorme ‘prosperidad’ hormonal» que no solo cambia el sistema vascular e inmune, sino además el cerebro, modificando su funcionamiento y su forma correcto, sobre todo, a los niveles de estrógenos, que «hacen que la mamá se sienta mejor y, por consiguiente, pueda vincularse mejor con el bebé».
«Cuanto más cambia el cerebro de una mujer durante el preñez mejor se vincula con el bebé», asegura Carmona, que indica que así se puso de manifiesto en un estudio realizado con 127 mujeres antiguamente, durante y luego del preñez e incluyendo a mamás que no han gestado, es proponer, las parejas homosexuales de mujeres que sí lo han hecho.
Una vez constatado que se producen estos cambios en la estructura y la forma del cerebro, ahora queda por explorar «otras métricas cerebrales, de conectividad, funcionalidad y flujo cerebral». «Hay muchas más cosas por resolver», asegura esta experta.
«No son nueve meses y vuelves a estar como estabas»
Carmona desafío por que esta brío científica de los cambios físicos que conlleva la maternidad contribuya a la capacidad de verla como «un proceso universal global» y sirva así para que «reciba el cuidado y se le dé el valía que merece en esta sociedad».
«No son nueve meses y vuelves a estar como estabas», asegura la neurocientífica, que confía en que este «sustrato investigador» sea útil para «informar a las familias, a los papás y a la sociedad en caudillo» y para que todos estos cambios físicos «no sean poco que las mujeres se tengan que callar sino que se pueda visualizar».
Puesta adicionalmente por que este enfoque sea incluido en la atención sanitaria, lo que confiesa que es una de las «batallas» que afronta. «Cuando nace el bebé vamos a un montón de consultas para ver cómo van todos los hitos del incremento, y las mujeres estamos ahí pero somos invisibles», lamenta, para advertir que «el aventura de depresión posparto es enorme» y no está suficientemente atendido.
Carmona, autora del manual ‘Neuromaternal: ¿Qué le pasa a mi cerebro durante el preñez y la maternidad?’, aboga por la divulgación científica (además a través de redes sociales) de estos detalles para que las mujeres puedan sentirse más acompañadas en toda esta experiencia e incluso contactar con el categoría que dirige para formar parte activa de las investigaciones.






