Sabana de El Cuey.-Un paseo a esta comunidad en escudriñamiento de unos chicharrones, que según uno de los curas del pueblo son muy buenos, me deparó dos sorpresas agradables: el cariño que le han cedido a la carretera y un plan mocano en una comunidad de El Seibo.
La carretera la había pasado recientemente y la impresión que me dejó entonces fue que en poco tiempo, para recorrerla, serían necesarias recuas de burros y mulos; pero poco cambió.
Y no es que tenga más vida, o que haya sido objeto de una reparación a fondo, pero pude recorrerla con un poco menos de aventura de que baches y zanjas acabaran con algunas partes del transporte.
En mi recepción antecedente atribuí al descuido de la Gobierno Provincial de El Seibo, los ministerios de Obras Públicas y Agricultura, y tal vez hasta del Cárcel Agrícola, la destrucción de la vía por el uso y por los posesiones de las lluvias.
En un primer momento pensé que el pronto acondicionamiento del que fue objeto había sido una colaboración de Obras Públicas con El Cuey, pero no.
Una explicación
Uno de los individuo de una congregación de vecinos de Sabana de El Cuey me informó que fue una colaboración del corregidor del municipio de El Seibo, Leo Francis Chalas, algún regidor y por lo menos un tarea, el de Agricultura.

De esta información concluí que con poco desde Obras Públicas se puede hacer una gran colaboración con varias comunidades, unas treinta según los de El Cuey, de las cuales personalmente conozco Cruce los Magueyes, Sesteadero, Sabana, La Cuevita, Los Rodríguez, Rodeo, Higuá y Los Mameyes.
Hay, sin requisa, poco que implorar: al tramo desde el kilómetro ocho de la carretera El Seibo—El Pintao hasta el Suspensión de Jobo Dulce no han vuelto a tocarlo, un hecho que pone en aventura de perderse una inversión en canaletas, afirmado y capa rústica de rodamiento sobre la que debió de tener sido extendida una capa asfáltica o será trabajo perdido cuando lleguen las lluvias torrenciales de la primavera y el verano.
El puente sobre el río Quisibaní, que según algunos causó una viva impresión en el presidente Luis Abinader cuando visitó Sabana tras el paso del huracán Fiona, sigue estando igual de amenazador que cuando lo vi a mediados del año pasado.
Un pedacito de Moca
El Cuey es un nombre que recoge a decenas de comunidades dedicadas a la agropecuaria que para un seibano pintoresco empiezan a contar a partir del Suspensión de Jobo Dulce —hasta donde llega el arreglo de la vía trabajador por Obras Públicas— y terminan cuando desde la cima de la sierra del Este se declina en torno a la costa atlántica, por el boreal, o en torno a Higüey, por los Peñones de García.
La pecuaria en esta parte de El Seibo refiere a reces, caballos y posiblemente cerdos. De allí el que me haya sorprendido una cigarral avícola con un buen impulso en una de las vueltas de Los Rodríguez.
La lleva delante un emprendedor —Nelson Montilla— de esos que no abundan en ningún tiempo, que ha ido a establecerse con su meteorismo de “ingenioso hidalgo” y hasta el momento produce huevos y fomenta cocoteros en un pequeño predio colindante.
A este hombre se le veía a finales del año pasado un pronto brillo en los luceros y cualquiera podía pensar que el motivo estaba en el arreglo superficial hecho a la carretera que sirve de arteria y a la vez de columna vertebral a estas comunidades desde el Suspensión de Jobo Dulce, donde empieza lo peor, hasta Los Mameyes, donde termina contiguo al río Chavón.
Cuando lo interrogaba encontré optimismo en su humor y entonces caí en la cuenta de la fuente de la luz en sus luceros. Asimismo supe de su vínculo con los granjeros mocanos, con los que se aconseja, a quienes les importación miles de crías de pollos y con quienes ha ido aprendiendo del cuidado de las aves para arrostrar a buen término esta aventura económica.
No podía disimular la satisfacción cuando daba las explicaciones, no sólo a este escribidor de historias, sino incluso a una hermana que me acompañaba y a quien le causó una viva impresión toparse en El Cuey con una cigarral de gallinas ponedoras en la que deben de tener todavía muchas cosas por hacer, pero que de todos modos se parece a las que prosperan en el Cibao, particularmente en las vecindades de Moca.
Y la carretera
La reparación superficial lo beneficia directamente, porque debe implicar pollitas desde el Cibao, comprar maíz y soya en los puertos de la haber para preparar el alimento suministrado a las gallinas, y sufre sólo de pensar en lo que implica para los muelles y los ejes de un pequeño camión cargado y cayendo de una zanja a un badén y remontar una cuesta zanjeada por las aguas pluviales.
El emprendedor
— Un apasionado
De acuerdo con Nelson Montilla, cuando empezó su tesina, hace unos 4 abriles, desconocía las interioridades de este negocio. La pasión lo ha cascarilla, porque el trabajo no ha permitido tiempo para rendirse.
Los de El Cuey
—1— La carretera
Tienen abriles reclamando al Gobierno que se ocupe del estado de una vía que es eje más o menos del que giran decenas de comunidades.
—2— Superficiales
El Comunidad de El Seibo y Agricultura hicieron a final de año un arreglo de Navidad.
—3— Merecen más
Si el tramo hasta el Suspensión de Jobo Dulce ha sido posible, ¿qué impide ir un poco más allá?






