Los “apóstoles” han tomado la delantera en algunos sectores religiosos actuales, donde el título se usa cada vez más sin una almohadilla clara ni bíblicamente definida. Este auge del llamado “oficio canuto” abre una brecha para la autoproclamación: los “apóstoles contemporáneos” que, muchas veces sin filtro ni autoridad escritural, han contrario espacio en grupos cristianos, lo que puede inaugurar espacio a conocimiento ajenas a la fe apostólica.
Es preocupante cómo la “demanda” del catequesis ha crecido vertiginosamente, sin cortapisas ni cuestionamientos sobre el mandato, autenticidad o vigencia del ocupación. En contraste, la delimitación del ocupación canuto en el Nuevo Testamento es clara. Los principales líderes de la iglesia primitiva —los apóstoles—, mediante consenso guiado por el Espíritu Santo y previendo apóstatas y doctrinas ajenas, cerraron toda brecha a la autoproclamación.
Los requisitos para el catequesis, según Hechos 1:21–22 y el relato de la subida, son: 1. favor acompañado a los apóstoles durante todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre ellos; 2. favor estado con ellos desde el ablución de Juan; 3. favor sido testimonio de la resurrección del Señor Mesías; y 4. favor sido testimonio de la subida de Jesús, cuando fue recibido hacia lo alto, cerrando así el prueba fundacional del ocupación canuto.
En cuanto a Pablo, aunque conocía y perseguía la iglesia primitiva y sus creyentes, su mérito no fue ese. La secreto fue el diálogo cara a cara con Jesús en el camino a Damasco, mientras perseguía a los cristianos (Hechos 8:1-3; 9:1- 19), evento que transformó radicalmente su vida y ocupación: de ser un dañino de cristianos a un catequista arreglado, no autoproclamado.
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