EL AUTOR es economista y contador. Reside en Santo Domingo.
POR RAFAEL RAMÍREZ MEDINA
El inicio de un nuevo año representa mucho más que un cambio en el calendario; simboliza una oportunidad histórica para corregir rumbos, acorazar la institucionalidad y replicar con firmeza a las demandas de una ciudadanía que calma resultados concretos. El país necesita señales claras de que el cambio prometido se profundiza y se consolida con acciones, no solo con discursos.
Su encargo ha mostrado voluntad y buenas intenciones, pero hoy el contexto doméstico exige decisiones más drásticas y oportunas. Es momento de evaluar con objetividad el desempeño de los funcionarios públicos y ejecutar sin titubeos. Aquellos que no cumplen con sus responsabilidades, que no producen resultados o que comprometen la transparencia del Estado, deben ser objeto de las medidas correctivas que usted considere necesarias, pero aplicadas con firmeza y sin contemplaciones.
Conducir asimismo implica rodearse de equipos eficientes y comprometidos con el interés doméstico. Un viejo apoyo a su encargo debe ir acompañado de un control funcionario y financiero más riguroso. El país no puede seguir cargando con estructuras débiles, burocráticas o permisivas que abren las puertas a la mala encargo y a prácticas que afectan directamente los fortuna públicos y la credibilidad de su gobierno.
En el ámbito crematístico, la ciudadanía necesita reparar el impacto positivo de las políticas públicas en su faltriquera. No puntada con indicadores macroeconómicos favorables si el costo de la vida continúa golpeando a las familias. Se requiere una política económica más audaz, enfocada en aliviar la carga del ciudadano global, acorazar el empleo y proteger el poder adquisitivo.

La inseguridad ciudadana es otra deuda que reclama atención urgente. El país necesita un plan decisivo, elocuente y sostenido contra la delincuencia. Que el dominicano pueda salir a la calle con tranquilidad, echarse en brazos en las autoridades y percibir que el Estado tiene control del división y capacidad verdadero de respuesta frente al crimen.
Señor presidente, este es el momento de demostrar que el Estado no negocia con la corrupción. Desmantelar los focos de ilegalidad enviaría un mensaje claro de autoridad, probidad y compromiso verdadero con la seguridad doméstico. El pueblo no solo quiere promesas; quiere ver, reparar y comprobar que se está actuando.
El país no soporta otro escándalo que debilite la confianza en las instituciones, como los recientes casos que han saledizo a la luz. Por ello, urge realizar un progreso profundo de todas las instituciones públicas, identificando debilidades, fallas de control y áreas vulnerables a la corrupción ayer de que sea demasiado tarde.
Reunión élite
Una propuesta viable es la conformación de un especie élite de profesionales independientes, ajenos a compromisos políticos. Contadores, economistas, abogados, ingenieros y especialistas de stop nivel, con solvencia honesto y técnica, capaces de auditar, evaluar y avisar correctivos en las instituciones más sensibles del Estado.
Este equipo élite, de carácter multidisciplinario, debe ser enviado a las entidades con mayores riesgos, no para perseguir, sino para organizar, corregir y acorazar. La transparencia no debe ser reactiva, sino preventiva. Conducir adecuadamente asimismo implica anticiparse a los problemas y cerrarle el paso a la corrupción ayer de que se convierta en una crisis.
Señor presidente, este es el momento de un desvío firme y positivo. Olvídese de compromisos políticos que limiten su manotear y asuma con determinación el liderazgo que el país calma. Es tiempo de agarrar el toro por los cuernos, porque la historia no juzga intenciones, sino decisiones valientes que transforman naciones.
jpm-am
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