Un parada porcentaje de las felicitaciones que la familia extiende, con motivo de Año Nuevo, no descansa en la sinceridad. Sin requisa, es una costumbre, un rostro de cortesía que ya forma parte de la civilización dominicana y de muchos países del mundo, por lo que la dosis de hipocresía que pueda contener, en muchos casos, hay que asumirla con normalidad. Y el saludo habitual, al entrar el 1 de enero, va acompañado de vocablos como ventura, bienestar, prosperidad, fortuna y vigor, entre otros. No faltan los que se inspiran y dirigen palabras concordantes y hermosas.
Hay que formarse a coger y dejar, consciente de que los seres humanos estamos dotados de virtudes, pero igualmente de defectos, donde el egoísmo y la envidia abundan en todos los núcleos sociales y actividades del diario residir, empezando por el comercio y la política.
La política, en la forma en que opera en nuestro país, ha derivado en un cierto tigueraje, donde el que no sabe poner zancadillas y carece de malicias es preferible que se distinto de esa descorazonada e inmunda función. Y lo mismo es ser gobierno que ser concurso, aunque varíen colores y nombres.
La experiencia fresco indica que al PLD se le sacó del poder por el hartazgo de la población con la corrupción pública y la impunidad, pero en la hogaño se observa a actores de luchas contra esos flagelos, libradas a través de Marcha Verde, involucrados en escándalos que han estremecido al país.
¿En quién creer? Pero, si hay alguno que está convencido que no se manejo de un problema exclusivo de los partidos políticos es el suscrito. Es la sociedad, en un porcentaje muy elevado, que anda mal.
Ejemplo: dar peculio por avanzado, a ciertos herreros o ebanistas, es buscarse un problema en muchas ocasiones, porque no se honra el compromiso ni la palabra empeñada.
Otra prueba está en que la mayoría, la gran mayoría, de los dominicanos, no acude a las citas en los horarios establecidos anticipadamente, incluyendo algunos en que la puntualidad es un requisito obligatorio.
Fíjense que hasta se acento de “hora dominicana.” Y por otra parte, estamos entre los países que más se violentan las normas de tránsito, porque la educación es escueto, siempre andamosrápido y no solemos dar paso siquiera a las ambulancias.
Lejos de descuido de educación y civismo, en República Dominicana no hay régimen de consecuencia para todos los que violenten la Constitución y las leyes particulares.
Para tales fines no hay que crear nuevas leyessolo cumplir las vigentes, sin que ningún otro poder interfiera con la ecuanimidad.
Es preocupante el individualismo y la descuido de compromiso social que ha traído la postmodernidad. Igualmente es preocupante el afán de utilidad social que arropa a nuestra adolescencia, relegando títulos espirituales y humanitariospor la conquista de peculio y cosas materialescon la perjuicio de que nuestras autoridades oficiales parecen estimular patrones culturales similares.
En este nuevo año tenemos que aspirar a un país en el que prevalezca la igualdad en la aplicación de las leyes.
No se puede aprobar ejecuciones extrajudiciales contra jóvenes rateros de barriosque son el resultado, muchas veces, de la descuido de educación y oportunidades. Y provenientes de hogares destruidos, que solo ven el vicio y la comisión de ilícitos como única alternativa.






