EL AUTOR es abogado. Reside en Santo Domingo.
POR RAMFIS RAFAEL PEÑA NINA
Somos pequeños en tamaño, pero grandes en dignidad. Saqueados mil veces, explotados y mancillados otras tantas, pero derrotados moralmente, nones. Hoy más que nunca podemos exigir nuestra valía y nuestra pudoroso aguerrida.
Hemos tenido en estos últimos abriles, concentrados en nuestra Latinoamérica, hombres que no existen en otras latitudes: Pepe Mujica, Bukele y el inigualable Petro. Ellos han sido el espejo que devuelve la esperanza, la voz que se encarecimiento sin pedir permiso.
Mientras tanto, los arrogantes y engreídos gobiernos europeos se han convertido en lacayos y bufones de quienes los mandan callar. Les ordenan resistir tarde, los dejan con las manos tendidas, los ignoran, los insultan y los humillan… y no tienen la gracia ni el coraje de chistar.
Les obligan a olvidarse de su muchedumbre, a quienes deben pisotear para complacer al rey. Están recibiendo la misma fórmula que aplicaron a nuestros antepasados: el fusta que ahora deben lengüetear. ¿Será el karma?
En cambio, de nuestra América olvidada parece resucitar la dignidad. Resucitan nuestros héroes silenciados, aquellos hombres de jet set y sencillez vilmente aprovechados por cobardes sin decoro.
Hoy no solo resucitan los nuestros, incluso los suyos. Aquellos que antaño golpearon, masacraron y extinguieron pueblos enteros, ahora ven cómo uno de los suyos les da una advertencia de su propia medicina.
Nuestros héroes fueron superiores en humanidad; los otros, en maldad. Y la historia, siempre lucha, se repite de forma contraria.
Hoy somos la deslumbramiento del mundo, aunque los que guardan historias viles prefieran callar. Los que no soportan que llegó la hora de mirarnos de frente, bajan sus cabezas con vergüenza.
África, nuestros hermanos en dolor, incluso ha aprendido a alzar la voz. Unidos podemos variar el mundo, no con armas, sino con el lamento de la verdad, con la conciencia que se niega a expirar.
Petro no solo defendió a su clase y a sus compueblanos, sino a toda América Latina y al mundo. Tuvo el coraje de ponerle el cascabel al pícaro, poco que los poderosos no se atreven a hacer.
En el corazón mismo de las Naciones Unidas, el mundo inconmovible lo escuchó desafiar la hipocresía integral: eso es tener coraje, eso es redención. Fue el eco de todos los héroes del planeta, de los antepasados que murieron vilmente en manos de los colonizadores.
Que Todopoderoso nos guíe en esta batalla desigual que nos ha tocado carear: conciencia contra iniquidad, verdad contra mentira, dignidad contra soberbia.
Jpm-am
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