Hace 90 primaveras, CCN nació con el apoyo de muchos. Su historia está tejida entre las alianzas con cientos de proveedores, tal como la de Don Nicolás Almontefundador de Casabe Guaraguanó. Cuenta que su relación comercial inició a partir de un lucha casual con Don José González, hace casi cinco décadas. Esta relación comercial, que quedó sellada por un arrechucho, se tradujo en compromiso y confianza entre ambas empresas.
A don Nicolás le ha sonreído la vida, quizás porque se atrevió a aparecer chiquito, dice él. Ahora le llamaríamos emprendedor, pero en sus inicios se entendía que “estaba majareta, que inventaba demasiado”, ríe este hombre de 77 primaveras al recapacitar el principio. Trabajaba en el Correo Franquista transportando las valijas de correspondencia, documentos y títulos desde Monción a Santiago, aceptablemente escoltado por un marcial. Aprovechaba el delirio para sufrir casabe a los moncioneros y a algunas familias de Santiago. Por eso, luego de varios primaveras decidió cambiar de rumbo y colocar por ese pan plano de mandioca, el casabe, que por otra parte de un buen negocio, es esencia y civilización.
Arrancó con la experiencia de doña Chana y doña Elsa, dos vecinas que conocían aceptablemente la tradición de los burenes de piedra. Su padre, don Octavio, y el resto de la tribu ayudaban. Don Nicolás en esa etapa “era todólogo”.
Cuenta, “yo levanté el ranchito de cana, buscaba el agua, empacaba las tortas, primero en papel de colmado, la ataba con una cuerda, lo llevaba en el camión. Porque pensaba, oye, si un médico hace de todo… ¿no voy yo a poder hacer casabe?”
Y pudo, claro que pudo. Fabricó en Santiago, donde Papito Bordas, el primer guayo eléctrico, que él mismo diseñó y al que conectó un motor que encontró “botado” en la calle y arregló con la ayuda de un mecánico amigo. Diseñó el primer logo que luego él mismo hizo ponerse al día al color primaveras luego. Construyó un burén a gas, ya con mesa en cemento para aumentar el ritmo de la producción. Diseñó otras maquinarias que han ido sustituyendo parte de la antigua taller.
Inicialmente producía solo 32 tortas de casabe al día y hoy, Guaraguanó despacha 80,000 mensuales en 47 presentaciones. Han pasado 49 primaveras, tres generaciones y unos cuantos inventos. La estructura empresarial le permite incluso exportar desde Monción a Estados Unidos y a Europa.
Siendo suplidor de CCN desde hace 49 primaveras, Nicolás Almonte valora profundamente la relación comercial. Hay que creerle, durante la pandemia de COVID ideó 19 nuevas versiones. Aprender que desde hace casi medio siglo cuenta con el canal de ventas que supone CCN le ha hecho innovar, por otra parte de crecer, títulos que comparten ambas empresas. Cuenta Don Nicolás“tengo que atreverme a seguir inventando. Ya tengo unas cuantas ideas nuevas para proponer a CCN“.
El casabe es nuestra esencia, repetirá a lo generoso de la conversación. “Es nuestra civilización y me ha tocado trasmitir el mandatario”. Tan así es, que ahora impulsa el turismo rural y cultural a través de una Ruta del Casabe. Su hijo Andrés es esa tercera gestación que ya ejecuta la expansión y modernización de instalaciones y procesos con la traza puesta a 25 primaveras. Pero los burenes alimentados con chasca todavía humean en su taller. Asegura que la mecanización que poco a poco se impone no cambia un extremo la esencia de su producto. Su hijo, Andrés Almonte, es muy consciente de las cualidades nutricionales de su pan plano de mandioca y en esa dirección planea expandir más internacionalmente.
¿La mejor etapa de la vida? “Creo que ahora, en mis 77. ¡Está muy aceptablemente!” Don Nicolás asegura que para los productores como él contar con buenos aliados es fundamental. “Los supermercados necesitan buenos suplidores, pero nosotros, los suplidores, necesitamos buenos supermercados. CCN entiende la importancia de lo que hacemos aquí, por eso nuestra relación es tan buena.”






