EL AUTOR es político. Reside en Santo Domingo.
POR ALEJANDRO SANTOS
Si correctamente perduran en el tiempo amenazas que están permanentemente al acecho y que pueden chasquear frente a cualquier negligencia adicional, de algún modo hemos sido un país de “buena suerte”.
A pesar de que existen condiciones que pudieran gestar inestabilidad, incertidumbre o incluso una arrebato social, la nación ha rematado mantenerse a flote.
Adicionalmente de los peligros palpables y evidentes, existen otros que, aunque parecen imperceptibles o invisibles, resultan igualmente relevantes y con pertenencias de gran significación.
Dos aspectos fundamentales que hoy se ciernen sobre el panorama doméstico están vinculados con la credibilidad y la confianza. Entreambos son vitales para el buen funcionamiento de la vida social, económica y política.
1. Pérdida de credibilidad y confianza en los partidos políticos
Indiscutiblemente, en los últimos abriles se ha producido un progresivo ocaso en la fortaleza de los partidos políticos dominicanos, especialmente en aquellos que tuvieron profundas raíces en la población.
Lo ocurrido con el Partido Reformista Social Cristiano, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y, más recientemente, con el Partido de la Libertad Dominicana (PLD), constituye un precedente que marca el destrucción de nuestro sistema político.
El país renovó sus esperanzas con la presentación al poder del Partido Revolucionario Innovador (PRM). Sin requisa, el momento coetáneo trasciende a esa estructura. La coyuntura presente puede especificar la vigencia de los partidos o, en el peor de los casos, conducir a su desaparición como eje central de la democracia dominicana, lo que representaría una amenaza de enormes proporciones para nuestro futuro.
2. La civilización del fraude
Cuando se aborda el tema de la delincuencia, la atención suele centrarse en los robos, atracos o hechos violentos que ocurren en las calles. Sin requisa, se ha venido gestando otro aberración igual de preocupante: la consolidación de una civilización del fraude en distintos ámbitos económicos y profesionales.
Este aberración erosiona la confianza en servicios esenciales como la educación, la salubridad o las transacciones inmobiliarias. El simple hecho de que exista la duda sobre la transparencia de cualquier convenio o acuerdo constituye una amenaza seria para la vida económica y social.
La civilización del fraude se propaga desde diversas esferas: inicia en ámbitos gubernamentales y se extiende cerca de el resto de la sociedad, contaminando como un virus los espacios donde debería primar la ética y la transparencia.
Un ejemplo coetáneo y palpitante es el servicio eléctrico. En extensión de acoger un sistema más eficaz y cabal, los hogares dominicanos enfrentan apagones constantes mientras sus facturas se encarecen sin explicación coherente. Esto constituye un fraude institucionalizado que refleja claramente la problemática expuestas.
Algunos podrán considerar exagerada esta visión. Sin requisa, lo cierto es que la pérdida de la confianza y la credibilidad se han convertido en amenazas latentes que afectan directamente a toda la sociedad.
Restablecer estos pilares resulta impostergable si queremos construir un futuro donde la convivencia social, la pertenencias y la política se sostengan sobre bases firmes.
Jpm-am
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