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Los luceros y la atención del mundo han estado pendientes de la cumbre celebrada ayer entre los presidentes Donald Trump (Estados Unidos) y Vladimir Putin (Rusia)en la pulvínulo marcial Elmendorf-Richardson, en las cercanías de Anchorage, la renta de Alaska. Ha despertado grandes expectativas, como si se tratara de otra Conferencia de Yalta (la reunión de los gobernantes José Stalin, Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt, ayer de que terminara la Segunda Pugna Mundial), o el Habemus Papam, que antecede el anuncio de un nuevo pontífice en el Vaticano.
Tanto así, que los propios protagonistas se han expresado con optimismo frente a los caminos que transitan en búsqueda de la paz. Putin: “La presente dependencia estadounidense…está haciendo, en mi opinión, esfuerzos asaz enérgicos y sinceros para detener las hostilidades, frente a la crisis y alcanzar acuerdos que sean de interés para todas las partes involucradas en este conflicto”. Y destacó que la cumbre tiene “como objetivo crear condiciones a grande plazo para la paz entre nuestros países , así como en Europa y en el mundo en su conjunto”.
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Trump dijo el jueves que cree que “Putin va a aparecer a un acuerdo para poner fin a la conflicto en Ucrania. Creo que ahora está convencido. Creo que lo hará”. Y observó: Si la cumbre transcurre de guisa positiva, se celebrará casi de inmediato una reunión trilateral que incluirá incluso al presidente ucraniano.
Independientemente de los matices de sus conclusiones, o del proceso de las conversaciones, la cumbre constituye un aspecto trascendente en este difícil y complicado momento que atraviesa la humanidad, expresado en varias manifestaciones: proceso de mengua de Estados Unidos como poder hegemónico mundial; el cada vez viejo avance de China en la heredad, especialmente su esquema simbólico de la ruta de la seda; la presencia del agrupación de países de economías emergentes de los BRICS, que incluye representantes de varios continentes y regiones del planeta; y el hecho existir el tránsito de un cambio de época, en torno a un nuevo orden crematístico y socio-político.
Estados Unidos consolida su poder hegemónico luego de la Segunda Pugna Mundialexpresado en los acuerdos de Bretton Woods que, entre otras medidas, estableció el dólar como la moneda de narración internacional, pero es a partir de finalizada conflicto civil, con una dinámica económica y política, cuando amplía su heredad en torno a nuevos mercados y su intrepidez de expansionismo territorial.
El siglo XIX fue la época y América Latinaespecialmente el Caribe, el círculo. Ya su condado continental se había ampliado con la Florida, la Luisiana y los espacios usurpados a México. En la segunda medio del siglo XIX y principios del XX se dieron procesos de operación, como los de Alaska, Cuba y las Islas Vírgenes, en las pequeñas Antillas, entre otros; y de anexión, como los casos de Canadá y el esquema de los presidentes Profecía Báez y Ulises Grant, con la República Dominicana, en 1868-71; y a principios del siglo XX las ocupaciones militares de Haití, República Dominicana y Nicaragua.
En ese contexto, Alaska es vendida por Rusia a los Estados Unidos en momento de gran dificultad financiera del imperio del zar Alejandro II, luego de la derrota rusa en la conflicto de Crimea (1853-56). La negociación se llevó a sitio durante el gobierno de Andrew Johnson, en marzo de 1867, por 7,2 millones de dólares (unos 140 millones hoy).
Muchos comentan los deseos del presidente Trump por obtener el Premio Nobel de la Paz, lo que conseguiría si logra su meta de simplificar el fin de la conflicto de Ucrania. Otros gobernantes de su país lo han recibido: Theodoro Roosevelt , Jimmy Carter y Barack Obama.






