El autor es profesor universitario de Sinhueso y Letras. Reside en Santiago de los Caballeros
(A mis hermanos Pedro, Gernalda y Basilio Caba Ramos)
Como repite mi exalumno y hoy destacado colegial, Juan Francisco Zapata (Pancho), formo parte de una “dinastía magisterial” conformada por los hermanos a quienes está dedicado el presente artículo. Dinastía a la que me integré como cuarto y extremo miembro, y a la habitante de la cual se encuentra mi hermano Pedro, competente y consagrado músico (ya pensionado),el cual fue el ejemplo a seguir en nuestra tortuosa, pero placentera trayectoria docente.
Fue Pedro el primero en inculcarnos la idea de que un buen músico tiene que desempeñar sus delicadas funciones con entrega y responsabilidad, planificar siempre las clases que imparte, observar e investigar mucho para mantenerse actualizado y, como lo recomendaba Gabriela Mistral, enseñar siempre «con la comportamiento, el semblante y la palabra»
Nos enseñó que independientemente del trato mínimo motivador que recibe, no existen razones para que el músico se comporte de guisa valeverguista en el gimnasia de sus funciones. Y nos enseñó asimismo, que no es verdad que el músico es un “defensor”, como política y maliciosamente han querido presentarlo los sustentadores del status quo, con el deliberado propósito de invalidar cualquier tipo de lucha reivindicativa. Y que de ser así, entonces estaríamos frente a frente a un defensor que se enferma, que importación ropa y comida, que paga locación de casa, que debe incurrir en gastos para satisfacer las deposición de sus hijos, que necesita divertirse o deleitar su espíritu, etc. En fin, un defensor afectado por las mismas deposición y problemas que sufren los demás, y que, por esa razón, está en el deber de requerir sus derechos en pos de una vida mejor.
Yo creo en el músico que abraza con pasión el distinguido oficio que ejerce; pero yo asimismo creo que ese servidor debe tener resueltas sus condiciones materiales de existencia, como afirmaba Carlos Marx. Porque como muy sabiamente dijo en una ocasión el presidente de la Caudillo Motors : “Ningún empleado podrá trabajar con calidad ni mucho menos identificarse con la empresa si está desmotivado, no devenga un salario ajustado, ni disfruta de una plan de incentivos que le permitan resolver sus existenciales y fundamentales problemas”
El próximo lunes, 30 de junio, se celebra en nuestro país el “Día del músico”. El día del ser que ejerce el más distinguido y digno de los oficios del universo. Este día, ténganlo por seguro, en nuestros medios de comunicación no habrá gran despliegue publicitario, como ocurre en otras fechas, ni en la prensa doméstico se leerán enjundiosos editoriales o apasionados artículos exaltando el trabajo de este abnegado servidor.

Y es que no obstante la importancia de la actividad que realiza, al músico dominicano casi nadie lo incentiva, motiva o reconoce su trabajo. Nadie parece entender que solo él es capaz de borrar las tinieblas de la ignorancia y desobstruir las puertas del conocimiento. Al contrario, como “premio”, extrañamente, lo único que recibe es crítica e interesados cuestionamientos, ingenuidad que lo convierte en el gran vilipendiado, denigrado o menospreciado. Como acertadamente se registra en las humanidades de la canción:
“El cura cree que es descreído,
y el corregidor comunista.
y el extremidad presidente de puesto,
dice que es un anarquista…”
La sociedad sólo le pide, pero muy poco le da, empezando por quien más debería concederle : el Estado Dominicano. “Te plazo como a un artesano, pero debes enseñar como un verificado…”parece ser la máxima sociopedagógica dominicana. Por esa razón, cuando el gobierno decide embellecer al músico con un aumento salarial, aparentemente sustancial, son muchos los dominicanos que tal incremento les repugna y hasta “migraña” parece producirles.
Estamos conscientes de que tan adversa comportamiento podría estar alimentada por la habilidad irregular de muchos profesores que no han sabido comportarse a la cúspide de su investidura; pero que adecuado a la desaparición de un verificado software de supervisión docente, desafortunadamente se mantienen activos provocando más daños que beneficios en el interior del sistema educativo.
Un sistema injusto, inhumano, sectario, politizado y en gran medida contaminado ideológicamente. Un sistema que muy poco ha hecho para premiar y retener a sus mejores talentos, y que no ha sido capaz de establecer categorizaciones importantes técnicamente estructuradas en virtud de las competencias y desempeño de cada quien, evitando así que todos los docentes sean “medidos con la misma vara” o valorados de la misma forma.
Un sistema, en fin, en cuya almohadilla se reproducen las irregularidades cometidas en la cúspide por las autoridades que lo administran, las cuales consumen más tiempo defendiendo rabiosamente los intereses del partido en el poder que diseñando planes y programas orientados a desarrollar y modernizar la enseñanza pública. Autoridades que no propician las condiciones materiales y espirituales requeridas para que en nuestras escuelas el músico se sienta motivado a ejercitar su trabajo con alegría y entusiasmo.
Para los maestros de verdad. Para ese músico sin cariño, activo o pensionado, que en medio de tan desmotivador y infeliz panorama sindical es y ha sido capaz de ejercitar con responsabilidad el delicado oficio que la sociedad puso en sus manos, vayan nuestro más sentido y sincero examen en su «Día»
dcaba5@hotmail.com
Jpm-am
Compártelo en tus redes:






