El edadismo es un tipo de convencionalismo que consiste en tener actitudes negativas, estereotipos o comportamientos injustos alrededor de alguno, simplemente por su permanencia y, en muchos de los casos, adicionalmente de afectar a los adultos mayores, asimismo tiene sesgos con los jóvenes. Sin requisa, el edadismo está muy relacionado con la discriminación en las personas mayores; por ejemplo, no contratarlos en un trabajo porque pasa de cierta permanencia, asumiendo que están desactualizados o que son personas menos independientes.
Lamentablemente, los tentáculos del edadismo se extienden por muchos lados en la sociedad, como a nivel institucional, donde se les margina con ciertos reglamentos. Asimismo está el interpersonal, que es cuando la concurrencia hablando se coche limita con expresiones como, “ya estoy muy viejita para eso”.
“En este país urge implementar políticas públicas serias y eficientes en la que esta población participe de modo activa en la elaboración y seguimiento de estas medidas”, expresó la geriatra Rosy Pereyra Ariza, quien lleva más de quince primaveras en Naciones Unidas levantando su voz para que se realice la Convención Universal de los Derechos Humanos de las personas mayores, a fin de darle visibilidad a la lucha contra del edadismo.
Reiteró que la vejez tiene una serie de estereotipos que están ligadas con pérdidas de autonomía. “De ahí su origen de que las personas sientan que no tienen capacidad para tomar sus propias decisiones o para valerse por sí mismos”.
De acuerdo con la Ley 352-98 de Protección a los Envejecientes, se considera a ese segmento a toda persona decano de sesenta y cinco primaveras o de menos que, adecuado al proceso de envejecimiento, experimente cambios progresivos desde el punto de instinto psicológico, biológico, social y materia.
Una población en crecimiento
La Ordenamiento Mundial de la Vitalidad proyecta que para el 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 primaveras o más. En ese momento, el congregación de población de 60 primaveras o más habrá subido de mil millones en 2020 a 1,400 millones. En 2050, la población mundial de personas de 60 primaveras o más se habrá duplicado a 2,100 millones. Se prevé que los de 80 primaveras o más se triplique entre 2020 y 2050, hasta alcanzar los 426 millones. En el contexto de República Dominicana, de acuerdo con el lX Censo Doméstico de Población y Vivienda realizado en 2022, la población de adultos mayores está en crecimiento, representando aproximadamente el 8 % de la población.
Ese aumento se debe a varios factores, incluyendo el aumento de la esperanza de vida, disminución de la fecundidad y la expatriación de jóvenes. Se estima que para 2030, la población de personas mayores de 60 primaveras superará a la de menores de 15 primaveras.
En presencia de ese panorama, a la doctora Pereyra Ariza le preocupa que el país no se esté preparando con políticas públicas para que el adulto decano tenga una mejor calidad de vida, como establece la Constitución y la Ley 352-98.
“Soy geriatra y me encanta serlo. Fue una intrepidez tomada desde muy temprano en mi carrera y, lógicamente, siempre he querido ver el problema más allá de alguna dolencia física o mental. Yo he querido incluir todo los aspectos físicos e integral, pero asimismo políticos, económicos y sociales, que es el universo que representa conservarse a vetusto en una población”, explica.
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¿El adulto decano es la clase social más desprotegida?
Sí. Existe la Convención Internacional por los Derechos del Gurí y de la Mujer y nosotros tenemos 15 primaveras debatiendo el tema en Naciones Unidas para promover la creación de una convención internacional por los derechos de las personas mayores”.
Con relación al aumento de la población envejeciente, afirmó que para el 2050, el 14 por ciento de la población adulta decano de República Dominicana será decano de 60 primaveras, es aseverar, tendremos más personas mayores de 60 primaveras que menores de 15.
¿Esta población está integrada en la atención primaria pública?
No. Actualmente no se ofrece a nuestros envejecientes un sistema de atención integral internamente de la red pública. Tras la reforma del sector vitalidad, el Profesión de Vitalidad Pública concentró sus funciones en la prevención de enfermedades y la promoción de la vitalidad, mientras que el Servicio Doméstico de Vitalidad (SNS) asumió la trámite de los hospitales y policlínicas.
Sin requisa, esta división no ha conseguido articular un maniquí que garantice una atención continua, especializada y adaptada a las deposición de la población envejeciente.
“Desde los primaveras 70, la Ordenamiento Panamericana de la Vitalidad (OPS), viene diciendo que nosotros tenemos que tener un sistema que controlara la vitalidad de la población y designar un centro de atención primaria en cada extrarradio con capacidad para atender una determinada cantidad de población y promover eso para que la concurrencia entienda que ahí es que tiene que ir, no a los hospitales”, manifestó.
Deploró que muchos de los centros de atención primaria no están habilitados. “Es aseverar, no se está realizando el trabajo de promover la vitalidad, adicionalmente, tienen que tener trabajadores sociales. Aquí hasta quitaron la Escuela de Trabajo Social que existía, porque el Sistema de Vitalidad no está empleando trabajadores sociales y esa concurrencia es la que investiga lo que está pasando en los hogares de nuestros barrios”.






