EL AUTOR es abogado. Reside en Santo Domingo.
En 1862 Abraham Lincoln proclamó que quedaban libres los esclavos negros de los Estados Confederados. Fue una manumisión colectiva que no se materializó. En su segundo mandato presidencial declaró, como mensaje destinado a los esclavistas, que actuaría “sin malicia con destino a nadie…” Su discurso de remisión fue pronunciado con el cuidado parecido al que usan los arqueólogos limpiando las piezas de un venero. Tomó en cuenta las circunstancias de esos momentos.
La rendición de los confederados fue el 9 de abril de 1865. Se formalizó mediante una estancia histórica, no simbólica ni declarativa, sino vinculante con el proceso de la matanza de la esclavitud de los negros en EE. UU. Cinco días luego Lincoln fue muerto en un teatro de Washington por un adverso solitario. En agosto de 1866, en consonancia con los hechos precedentes y ya con los cañones apagados, su sucesor, Andrew Johnson, anunció el fin de la Cruzada Civil.
Tal vez la batalla de más resonancia de la Cruzada Civil de EE. UU., por su impacto, fue la que se libró en la pequeña ciudad de Gettysburg, en el sur de Pensilvania. Se produjo los días del 1 al 3 de julio de 1863. La ganaron los unionistas, con el militar George Meade al frente. Los esclavistas derrotados los dirigió el militar Robert E. Lee. Su resultado equivalió a un torpedo resuelto en la lista de flotación del pesado barco de la esclavitud de negros en el sur estadounidense.
El disección de los hechos de Gettysburg permite concluir que la métrica castrense de ese momento indicaba que era casi seguro que los antiesclavistas se impondrían a los esclavistas. Encima de los dos principales líderes militares involucrados en la citada Cruzada de Emancipación (los generales Ulysses S. Grant y Robert E. Lee), es pertinente señalar que todavía tuvieron décimo destacada en ella otros hombres de armas. Entre ellos los siguientes:

Caudillo George Brinton Mc Clellan. Fue designado por Lincoln en 1861 como dirigente del Ejército unionista. Pronto se volvió muy cauteloso y con frecuencia no cumplía las órdenes presidenciales. Fue destituido en noviembre de 1862. El egolatría de Mc Clellan contribuyó a la merma de su carrera marcial. De él escribió el historiador Stephen W. Sears que perdió “su coraje honesto” y “la voluntad de mando lo abandonó”. (Manual titulado “A las puertas de Richmond”).
En su memorias titulada La propia historia de Mc Clellan este trató de explicar, sin mucha fortuna, sus motivos para insubordinarse. Por su flanco la historiadora Doris Kearns Goodwin escribió en Equipo de Rivales (hazañas de Lincoln) que dicho militar tenía “tendencia al autobombo y a una autojustificación injustificada”.
Thomas Jackson, fue apodado Muralla de piedra (Stonewall). Era un militar confederado que sobresalió en diversos combates por su valentía y audacia. Iba a la vanguardia de sus tropas. Murió a los 39 primaveras, víctima de pulmonía y complicaciones derivadas de las heridas que sufrió de fuego amigo en una ronda nocturna.
James A. Garfiel. Fue militar en el ejército unionista (1861-1865). Participó activamente en varias batallas en las que no se andaba con zarandajas. Antiguamente de la pugna fue abogado y senador por Ohio, su Estado oriundo. Tomó posesión como presidente de Los Estados Unidos de Norteamérica el 4 de marzo de 1881. Al poco tiempo fue herido y murió en septiembre de dicho año. Tenía 49 primaveras. De él se escribió, en una paradoja experimental, que “era un político sombrío y ilustre mártir”.
George H. Thomas. Era nativo de Virginia, el centro de la esclavitud de los negros en los EE. UU., pero combatió ese sistema y fue un militar unionista. Su dinámica de lucha consistía en ir al frente de las tropas bajo su mando, mientras otros jefes iban en la retaguardia. Logró varias victorias decisivas. El 19 de septiembre de 1863, luego de violentos enfrentamientos en Georgia, lo apodaron la Roca de Chickamauga.
James Longstreet. Patrón marcial esclavista que calculaba con frialdad pasmosa los ataques al enemigo desde ángulos defensivos. Fue militar de tres estrellas que demostró en los campos de batalla el esplendor de su astucia marcial. Luego de terminada la pugna se convirtió en un obligado diplomático y administrador empresarial al servicio de varios gobiernos, desde Ulysses S. Grant hasta Theodore Roosevelt.
Nathan Bedford Forrest. Este personaje fue dueño de grandes algodonales y hatos ganaderos y trapicheaba vendiendo como mercancías a esclavos negros. Al comenzar la Cruzada Civil, sin tener ningún entrenamiento marcial previo, se integró como raso al ejército de Los Confederados. Cuatro primaveras luego ya ostentaba el extremo de militar de tres estrellas. Se le atribuye favor creado tácticas de combates para el cuerpo de caballería que usaban los esclavistas.
Al terminar la Cruzada de Emancipación Forrest tuvo una décimo significante, contiguo a otros generales confederados, en el terrible reunión supremacista blanco conocido como Ku Klux Klan, bajo cuyo enunciado de violencia contra los negros todavía se cometen abusos en diferentes lugares de EE. UU.
Guillermo Sherman. Caudillo antiesclavista caracterizado por ser un gran estratega marcial y experimentado ejecutor de tácticas bélicas. De las varias batallas que ganó una de las más significativas ocurrió en Atlanta, en 1864. Aplicó el concepto de pugna total, arrasando todo lo que encontraba a su paso arrollador por el zona que controlaban los confederados; especialmente al dirigir sus guerreros con destino a la costa atlántica. Cuando el militar Grant ascendió a la presidencia, en 1869, designó a Sherman comandante militar del Ejército de USA.
Philip Sheridan. Sobresalió como militar unionista dirigiendo batallones de caballería y una bizarra infantería que hizo honor al milenario calificativo de esa rama marcial como “la reina de las armas”. Su dureza de carácter quedó demostrada practicando el concepto de “tierra arrasada” contra los esclavistas del sur. En 1883 fue designado comandante militar del Ejército de EE. UU., cargo que desempeñó hasta su asesinato ocurrida el 5 de agosto de 1888.
Tres historiadores estadounidenses, al describir la Cruzada Civil (1861-1865), resumieron sus criterios así: “La esclavitud, desde luego, se había rematado…la esclavitud no cedió a la permiso…durante otros cien primaveras la mayoría de los negros no pudo disfrutar aquellos derechos que la pugna y las enmiendas constitucionales habían tratado de asegurarles”. (Breve historia de los Estados Unidos. Circunstancias de la Civilización Económica, México, 1995. P. HS Comercio y WE Leuchtenburg).
jpm-am
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