EL AUTOR es comunicador. Reside en Santo Domingo.
Hace un tiempo advertí, de muy buena fe, al presidente Luis Rodolfo Abinader que debía prestar mucha atención a la situación que comenzaba a gestarse en el país: la ineptitud e incapacidad de una parte importante de sus funcionarios.
Muchos de ellos, en zona de enfocarse en las responsabilidades administrativas que les corresponden, optaron por aplicar su tiempo y energía a proyectos personales, políticos y hasta comerciales, dejando cada vez más solo al gobernador.
El problema es claro: un mandatario sin el respaldo efectivo de sus funcionarios se convierte en un líder frágil, expuesto a las críticas de la competición y al desgaste natural del poder. Esa desconexión entre la dirección del Estado y sus ejecutores en las instituciones es, en buena medida, la raíz de la insatisfacción que se percibe en sectores de la sociedad.

Un ejemplo ilustrativo fue el engendro social que generó la canción del rapero Shelow Shaq titulada “Tá de Pinga”. Aunque muchos lo vieron como simple entretenimiento, lo cierto es que la música urbana refleja, con crudeza, el comprobar popular.
Y cuando los pueblos empiezan a cantar sus micción, lo hacen porque existe un malestar profundo que no se puede ignorar. Las canciones se vuelven gritos colectivos de inconformidad, y esos reclamos rara vez son perdonados por el pueblo dominicano.
Ese clima le está sirviendo en bandeja de plata a la competición los argumentos necesarios para intentar desfigurar la papeleo de Abinader y provocar inestabilidad política y social. Es una oportunidad que ningún adversario dejará tener lugar.
Remover la mata
Por eso, señor presidente, ha llegado el momento de remover la mata. Se requiere un cambio profundo y visible en su equipo de trabajo: poner a rodar cabezas si es necesario, porque —como dice el refrán— primero va Jehová que sus santos. El país necesita un gobierno con rumbo firme, renovado y capaz de dar respuestas concretas a las demandas de la población.
Lo positivo es que aún no es tarde. El gobernador Luis Abinader todavía tiene la oportunidad de reimpulsar su papeleo, corregir errores y proteger su liderazgo. De no hacerlo, corre el peligro de que el descontento se convierta en una camelo de cocaína que deslizamiento no solo a su gobierno, sino igualmente las aspiraciones de continuidad de su partido.
El cronómetro político sigue corriendo, pero la esperanza de rectificar continúa actual.
Jpm-am
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