EL AUTOR es periodista y catedrático universitario. Reside en Santo Domingo.
El presidente Luis Abinader presentó un software de gobierno en la campaña electoral de 2020 que el electorado compró, porque le otorgó el triunfo. Pero es aconsejable que a posteriori de más de cinco primaveras la masa revise ese texto, cargado de propuestas, para que llegue a la conclusión de que esas ofertas no se implementaron.
Contrariamente, nos ha metido una serie de fideicomisos de los cuales nunca habló ni ningún dominicano pidió, pues se tráfico de mecanismos financieros en desuso y que solo han servido, en los países donde han operado, para traspasar caudal públicos al sector privado.
En ese software de gobierno, Abinader, no planteó que hipotecaría el país con la enorme cantidad de empréstitos que involucran muchos miles de millones de dólares, rompiendo todos los récords de forma proporcional, pues en la historia social dominicana ningún jerarca de Estado había comprometido a tal extremo la soberanía doméstico en lo que respecta a su deuda externa, con la desventaja de que resiste a ofrecer explicación en torno al uso que se le ha entregado a ese efectivo. Ya hay sometimientos judiciales sobre el particular, solo equivocación la movimiento del Empleo Sabido independiente.
En República Dominicana las inversiones brillan por su abandono durante la dirección de Abinader. A pesar de que la población ha crecido, seguimos con los mismos puentes, elevados, pasos a desnivel, carreteras, avenidas, presas y demás obras que contribuyan al avance del país.
Con frecuencia se usa el palabra “progreso” para referirse al Gran Santo Domingo que está saciado de torres, pero se tráfico de edificaciones que en un suspensión porcentaje se levantan con efectivo desaliñado del lavado de activos, producto del narcotráfico y de la corrupción pública, con la complicidad de la banca y del propio gobierno.

Mientras observamos una ciudad llena de torres, simultáneamente la violencia se incrementa, porque es un flagelo que va de la mano a la distribución y consumo de sustancias prohibidas, sin establecerpara carencia la verdadera causa y se continúa con las ejecuciones extrajudiciales con destino a jóvenes rateros de los barrios pobres sin oportunidades de empleo ni educación, que regularmente son el producto de hogares desintegrados.
Pésimos servicios
No se puede charlar de progreso en un país con pésimos servicios de educación y salubridad. El 4% destinado a educación solo ha servido para incrementar la corrupción desde ese ocupación y los niveles de salubridad han bajado considerablemente. Ya se conoce la tragedia de SENASA, cinco primaveras de robo, al tiempo que las farmacias populares permanecen desabastecidas y los hospitales estatales carecen de camas, jeringuillas e higiene.
Adicionalmente, se ha pretendido engañar a la población con la aplicación de la Ley 285-04, sobre Migración, haciendo creer que hay valioso política contra los indocumentados, cuando a fin de cuenta reina una mafia. Los militares de la frontera se enriquecen en poco tiempo y Migración no está exenta de pecado cuando diariamente vienen guaguas llenas de indocumentados que dejan en la avenida Duarte a un costo de 40 mil pesos por persona. La verdad es que el número de extranjeros sin papeles en el país es cada vez longevo.
Abinader no tiene carencia que exhibir, por lo que se puede apoyar que su gobierno ha sido un fracaso.
jpm-am
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