El Estado inicia el año 2026 embarcado en un raro proceso de modernización o modernización de documentos personales de importancia en el desenvolvimiento de la vida pública, y parte de la privada, de millones de personas: cédula, abuso de conducir y pasaporte.
La entrega de la nueva cédula, el más abarcador y extendido de los tres, tendrá un carácter masivo a partir del día 12 de abril próximo, mediante un proceso escalonado en el que las personas cedulables deberán acercarse a los lugares de exhalación por mes de salida.
De acuerdo con lo programado por la Sociedad Central Electoral, la renovación o exhalación por primera vez se extenderá hasta marzo del año que viene.
En cuanto a la reforma o modernización de la abuso de conducir, que corre por cuenta del Instituto Doméstico de Tránsito y Trasporte Terráqueo, ha sido programada para iniciar el día 2 de marzo, no obstante, el jueves de la semana que viene está supuesta a ser iniciada su ruta con la entrega de la primera de estas licencias al presidente Luis Abinader.
Contrario a la cédula, que deberá ser renovada por todos los portadores, la abuso de conducir sólo obliga a quienes tienen su vigencia a término.
A pesar de que toda persona, no importa su época, tiene el derecho a un pasaporte, solicitarlo por primera vez o pedir la renovación es opcional.
¿Será coincidencia o un proceso concertado de modernización, modificación o reforma de un repertorio de documentos esencia en el desenvolvimiento de la vida de las personas?
Dos de estos corren por la cuenta de entidades del Estado dependientes del Poder Ejecutor y uno está a cargo de la Sociedad Central Electoral, un víscera constitucional al que toca la depositario y control del Registro Civil, del que depende la cédula de identidad y electoral.
¡A la modernización tocan! Y con este llamado el 2026 viene a ser el año de la renovación.







