Parece que en el PLD siguen repitiendo la misma récipe, aunque todo el país sabe que ese plato ya cayó pesado una vez.
Ahora, como si falta hubiera pasado, quieren meter obligado otra vez a Gonzalo Castillo como candidato presidencial. Sí, el mismo Gonzalo del 2020, cuando Danilo Medina —con todo el poder, todo el boleto del Estado y toda la maquinaria oficialista— lo empujó cerca de una candidatura que terminó en un desastre electoral que aún retumba.
Uno pensaría que luego de aquella experiencia traumática, el PLD habría aprendido la amonestación. Pero no. El partido parece empeñado en demostrar que la historia sí puede repetirsesobre todo cuando hay quienes quieren reimprimir la fórmula de la imposición disfrazada de “consenso”.
Y ojo: es bueno que Gonzalo aspire. Que salga, que se mida, que vea la verdad sin maquillaje. Porque no es lo mismo ser el candidato oficialista con todo el gobierno detrásque ser el candidato de la competiciónsin apoyo de otras organizaciones políticas y con un partido que hoy ocupa un firme y frío tercer empleo en el tablero doméstico.
Pero que no pretendan venderle al país la película de 2020 con la misma protagonista, la misma trama y el mismo final anunciado.
El PLD no está para inventos, y el país mucho menos.








