La firme posición asumida por la República Dominicana, y por otros países con una significativa proporción de su población residiendo en Estados Unidos, frente al impuesto a las remesas, ha comenzado a dar frutos. La propuesta legislativa que cursa en el Congreso estadounidense, la cual inicialmente contemplaba un contribución del 3.5 % sobre las remesas y que luego fue elevado al 5 %, ha sido modificada por el Senado, reduciendo la tasa al 1 %. Adicionalmente, se ha establecido que dicho impuesto solo se aplicará a las transacciones en efectivo, quedando exentas las realizadas por vía electrónica.
De este modo, el país no solo percibe que, aunque la piedra no fue removida completamente del camino, se ha vuelto tan ligera que ya no impide el paso, sino que además debe ver en esta coyuntura una oportunidad para profundizar el impulso a las transacciones electrónicas en la admisión de remesas, un canal que ha mostrado un crecimiento sostenido en los últimos abriles.
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Beneficiarse esta circunstancia permitiría no solo minimizar el uso de envíos en efectivo, sino además dominar los costos asociados a las transferencias. Así lo demuestra, al menos, un documentación primoroso con el apoyo del Fondo de la Ordenamiento Internacional para las Migraciones (OIM) para el Expansión, el cual concluye que las transacciones electrónicas tienen un costo último que los envíos realizados en efectivo.
Más allá del beneficio directo para las familias receptoras, las transacciones electrónicas tienen un impacto macroeconómico más amplio, ya que son un transporte secreto para la inclusión financiera. Cuando el receptor de una remesa posee una cuenta electrónica, sea bancaria, de billetera móvil o de una cooperativa de hucha y crédito, se genera valencia añadido tanto para la transferencia como para su ingreso.
Así, el fortalecimiento de las transferencias electrónicas no solo haría más efectivo el mercado de remesas, sino que además ampliaría el camino financiero y reduciría costos. En definitiva, lo que comenzó como una amenaza puede convertirse en el impulso que necesitamos para crecer.







