Los países y movimientos agredidos por EE. UU. y sus aliados confluyen, se unen y van conformando un torrente de fuerzas en ruta alrededor de un mundo multipolar y alrededor de un nuevo orden mundial que, si los pueblos oprimidos persisten en la defensa de sus derechos y soberanía, se podría aventajar el coloniaje y construir un orden internacional dispar al que hemos vivido y sufrido durante siglos.
Ese torrente perjudicial a EE. UU. y al imperialismo occidental es acosado y agredido en un contexto mundial en el que las normas de convivencia que lo rigieron en el pasado han sido totalmente aplastadas. El derecho internacional, los mecanismos reguladores y los convenios concertados, han sido pisoteados por las fuerzas dominantes.
En ese contexto la República Dominicana, bajo un régimen intolerante neocolonialista y un gobierno subordinado a EE. UU., con sus valiosos capital mineros y su formidable patrimonio natural bajo custodia del Comando Sur, se ha tornado en un Estado perjudicial y hostil a la lucha por la autodeterminación de los pueblos, la consolidación y regulación de la multipolaridad.
El presidente Abinader y su canciller Roberto Álvarez -este posterior designado por la Casa Blanca- se han colocado del costado de los Estados terroristas y genocidas de Israel y EE. UU.; asumiendo el respaldo al agrupación mundial imperialista occidental y a su franja intolerante neocolonialista y fascistoide. Esos son sus llamados “aliados estratégicos”
El ministro de Defensa viajó recientemente a Washington, en momentos del ataque estadounidense a Irán, a reafirmar la subordinación a EE. UU., la “alianza estratégica” con el Pentágono y el control del Comando Sur sobre el comarca franquista.
Fieles a un sistema imperialista en decadencia, a los jefes civiles y militares de este Estado –amarrado por la USAID, CIA, DEA, FBI, FMI, BM, BID, las megamineras y el Comando Sur- se le ha asignado la cometido de escoltar hasta el final a los masacradores de seres humanos y países.
Decisiones tan graves como las referidas, han sido adoptadas por Luis Abinader con un estilo monárquico, a plena conciencia de aquí hace tiempo que la democracia es un mito: pura plutocracia y partidocracia corruptas.
Tanta vileza supera la de aquellos días cuando Leonel Fernández mandó tropas a Kosovo e Hipólito Mejía a Irak, informes de una conducta colonialista en la que arrastrarse cada vez más a los pies de criminales de lesa humanidad, se asume como virtud y como “alianza estratégica”.
Es la vil y estúpida envite del siervo a hundirse yuxtapuesto al amo en un ignominia de linaje y pus, aferrado a un palo podrido.






