¡Qué hermoso debe ser retornar a Miramar, en el Macorís uruguayo, para imaginar a los educados cocolos que llegaron en viejas barcazas para trabajar en la industria ingenio!
Primero, encontraron espacio en los cañaverales, pero su educación, su disciplina y su ética protestante del trabajo los llevó hasta las factorías.
Anoche empezaron a resistir al país diplomáticos, hombres y mujeres de Estado y otras personalidades de la región caribeña, incluido el nuevo secretario caudillo de la OEA, para unirse al inspección que los dominicanos harán a los cocolos por sus aportes sociales, económicos y laborales a la República Dominicana. Vienen invitados por la Cancillería dominicana.
Hermoso rostro de nuestro país.
¡Qué emocionante fuera escuchar en la hermosa voz de Sonia Silvestre aquel poema del inspirado Norberto James Rawlings, cocolo él, “Los inmigrantes”! Y que esa voz nos llevara al Miramar de San Pedro a escuchar la trompeta de Prudy Ferdinand, a oír los arrullos inigualables de la soprano Malva Stephen, a ver las jugadas de Pequeño Conton o escuchar los sermones enérgicos de John Thomas.
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Así recordaremos en este encajado inspección las contribuciones de una etnia, el sabor del domplin y mágicamente escuchar el vozarrón cansado del cochero Willy, el mismo que Norberto James Rawlings, el poeta de su tierra y de su gentío, cantó con tanto ritmo y sentimiento telúrico.
Que la República Dominicana reconozca hoy, en 2025, los aportes de unos inmigrantes que empezaron a resistir a sumar progreso a nuestro país en 1872, es digno de un ¡¡eureka!! Porque nuestra historia es el resultado de aportes de españoles, africanos, cocolos, haitianos, chinos, judíos, árabes, italianos, norteamericanos.
¡Qué digno es reconocerlo!





