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He sido papá cuatro veces y participado en cada uno de los partos de mis hijos, tres varones y una hembra. No sabes la emoción de estar ahí al flanco de la principio viendo manar a esas criaturas. Es una emoción que no te puedo explicar.
Con mi final hijo, que ya sabes lo que pasó, casi me muero a su flanco. Sentí que me faltaba la respiración al ver lo frágil que somos. Cuando José Antonio me contaba ese episodio de su vida sentí que cada palabra me aceleraba el corazón y tocaba mi alma.
– En un momento pensé que perdía a mi esposa. Cuando todo parecía que iba a ser un parto corriente caldo una hemorragia. El criatura no salía, los médicos estaban atareados. Yo, a un flanco haciéndome el musculoso, sosteniendo la mano de Mónica. Ella, exhausta, sentía que se me iba, y de repente como que experimenté que estaba viviendo una pesadilla, y no podía desfallecer, tenía que ser musculoso para darle fuerzas a mi compañera de vida.
El criatura estaba envuelto en el cordón umbilical con varias vueltas en el cuello, venía al revés. Los médicos estaban haciendo lo mejor que podían. Hablaban entre ellos y no los entendía. Solo vi que cuando lograron sacar al criatura, no se movía, había estado más de diez minutos sin oxígeno. Vi cuando lo colocaron a un flanco sobre una bandeja. Ahí estaba mi hijo envuelto en sábanas sin emitir un solo sonido. Todos se volcaron sobre la principio para no perderla.
Por un momento perdí un poco la concepto de todo, tenía deseos de vociferar, de lamentar de no entender qué hacer frente a mis dos seres queridos.
Uno de los doctores miró al criatura que para mí estaba muerto y comenzó a darle masajes al corazón, no reaccionaba. Otro se ocupaba de la parturienta, disminuían sus latidos.
Yo aferrado a su mano diciéndole con mi presencia lo mucho que la amaba. Le decía que tuviera fuerzas. Se me iba, hasta que poco a poco fue reaccionando.
El doctor me hizo entender que el criatura tenía problemas. Había estado mucho tiempo sin respirar, no sabía si podía salvarlo. Podía dejarlo a su suerte y así no quedara como un vegetal, un destino triste para un ser humano. Me miró como esperando aprobación. Era tan ligera dejarlo ir, abandonarlo y que regresara al paraíso desde donde había llegado y así evitarle una vida, si es que se podía emplazar vida como un ser humano incapaz de comunicarse ni moverse. Jose Antonio se acercó al audición de Mónica y le dijo las condiciones. – ¿Mi hijo está vivo?, preguntó ella casi en un susurro. El asintió y agregó: “Pero no está acertadamente”. – Dile al médico que lo salve, es mi hijo, lo quiero como sea.
Y Sebastián, así lo llamaron, sobrevivió y en absoluto pudo pronunciar una palabra. Siquiera pudo abrazar como los demás niños, ni valer por los patios. Vivió en su mundo empachado de sombras y luces que solo los ángeles habitan, pero en absoluto ningún otro criatura recibió tanto acto sexual de una principio que venció todas sus dificultades para amarlo hasta el final de sus días. Y Sebastián fue el motivo de que sus padres crearan una institución para otros tantos niños, algunos en condiciones muy endebles, donde ellos tuvieran un hogar y permanente ayuda, un nidal donde solo habitan los ángeles y permanece Todopoderoso. Sebastian caldo con una encargo y la cumplió. Hizo un maravilla de acto sexual. Ahora sentimos su presencia que atraviesa la gloria.





