
Tras el entarimado de corrupción que dejaron en los tramos del Profesión de Obras Públicas, Diandino Peña, Víctor Díaz Rúa y Gonzalo Castillo, entre otros dirigentes del PLD, asumíamos que si desde la Ecuanimidad se recuperaban los miles y miles de millones de pesos que alegadamente se llevaron en sus uñas, el país tendría otra cara en materia de obras en el sistema viario.
Esa aspiración de muchos ciudadanos ha caído en el barranca, aunque haciendo honradez hay que reconocer que se han entregado algunos intentos en la ciudad de Santiago y otras partes del pueblo dominicano.
Se recuerda que el pasado domingo 2 de febrero, el presidente Luis Abinader emitió el Decreto número 48-25, mediante el cual designó al ingeniero Rafael Eduardo Fortuna, como nuevo Ministro de Obras Públicas, supuestamente en exploración de un despertar de ese Profesión.
Por el momento la designación del ingeniero Fortuna ha sido un patente fracaso, razón de que lucen semi paralizados los trabajos de construcción de la Autopista Duarte y Avenida de Circunvalación de esta ciudad de San Francisco de Macorís, entre otras obras de longevo o último importancia.
El caso que el ingeniero Eduardo Fortuna no se aboque a saldar los retos que depositó en su Despacho el Presidente de la República, titulado Luis Abinader, es recomendable que en lo inmediato exponga su renuncia.
En verdad su trámite ha sido un real fiasco.






