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“Fue solo un casualidad”, de Jafar Panahi, es una de esas películas que te atraviesan lentamente y te dejan temblando mucho luego de que se apaguen las luces.
No es la más subversiva de su filmografía, pero me convence lo suficiente como para asimilar que es una de sus más afiladas, una película brillante que condensa primaveras de crítica sociopolítica, deportación interior y furia soterrada en al punto que 103 minutos de cine puro que Panahi encuadra con habilidad para subrayar el estado de resistor de voces oprimidas que luchan por la espontaneidad, la verdad y la ecuanimidad frente al régimen represivo iraní.
Tras un prólogo en el que un padre de clan conduce su coche por la carretera y atropella accidentalmente a un perro en la oscuridad, la trama sigue a Vahid, un mecánico modesto que se ve repentinamente obligado a apalear con su pala y a secuestrar a plena luz del día al cliente que lleva dicho utilitario a su taller de mecánica, luego de haberlo identificado como uno de los torturadores que lo castigaron durante los primaveras de prisión política, donde se dispone además a apañarse en su camioneta a otros expresidiarios para confirmar la identidad del capturado de la pierna prostética y luceros vendados antaño de enterrarlo vivo en el desierto por sus crímenes.
En términos generales, la novelística tiene un inicio que me atrapa por la modo en que Panahi ajusta el drama sobre el enigma y el thriller, pero sin renunciar a esa poética de la carretera que funciona para documentar la desilusión colectiva de los iraníes en las calles, como ocurre en “Taxi Teherán”, “Tres caras” y “Los osos no existen”.
A partir de la sospecha, Panahi construye un mecanismo de relojería que nunca frecuenta lugares comunes porque, entre otras cosas, el progreso psicológico de los personajes está finamente conveniente sobre un uso magnífico del relato no iconógeno, en unas situaciones impredecibles que evitan el didactismo derivativo y se resuelven sobre diálogos irónicos para discurrir con sutileza las acciones de venganza que surgen de la duda y el trauma compartido en la furgoneta entre un mecánico, una fotógrafa, un desempleado y una pareja comprometida, cuando recuerdan las experiencias en la calabozo del sádico agente.
Con estos personajes, Panahi incorpora en la estructura situacionista un discurso crítico sobre la represión política y la ecuanimidad ciega, entendido como la resiliencia de un hombre honesto que, cercano a otros, está atrapado en un dilema ético-moral entre la sed de ecuanimidad y el miedo a convertirse en monstruo en presencia de la imposibilidad de no poder identificar a su opresor para castigarlo porque le vendaron los luceros.
No hay héroes ni villanos claros; solo la carencia de ciudadanos aprisionados entre la memoria y el presente, donde el espacio de la furgoneta sucia simboliza el encarcelamiento de cinco expresidiarios (cada uno con su herida abierta) que debaten qué hacer con el supuesto estoque y transforman el delirio en un inteligencia improvisado sobre impunidad y violencia.
Los actores, casi todos no profesionales, están magníficos y poseen mucha intensidad dramática para transmitir la impotencia del sufrimiento con la inspección, los silencios y los gestos; destacándose Vahid Mobasseri, Mariam Afshari y Ebrahim Azizi.
La puesta en secuencia de Panahi encuadra a este reparto con una estética que sintetiza el conflicto del casualidad a través de la supresión, el uso proxémico del espacio, la psicología del color, el fuera de campo, el primer plano, el sonido diegético, el plano común, el plano subjetivo, y, en presencia de todo, las atmósferas de Amin Jaferi que aprovechan la luz natural para ampliar el sentido de severidad entre paisajes desérticos y urbanos.
Todo esto supone, en última instancia, la demostración de que Panahi, a sus 65 primaveras y luego de todo lo que ha vivido —calabozo, prohibiciones, clandestinidad—, sigue siendo uno de los cineastas más relevantes, al contar verdades incómodas sobre la sociedad iraní. Esta película, por así decirlo, constituye una de las más impresionantes de su carrera.
FICHA TÉCNICA
Título diferente: Fue sólo un casualidad (Yek tasadef sadeh)
Año: 2025
Duración: 1 hora. 43 min.
País: Irán
Director: Jafar Panahi
Guion: Jafar Panahi
Fotografía: Amin Jaferi
Sección: Ebrahim Azizi, Madjid Panahi, Vahid Mobasseri, Mariam Afshari, Hadis Pakbaten, Delmaz Najafi, George Hashemzadeh
Calificación: 8/10







