El autor es delegado cultural. Reside en Santo Domingo
POR: HANNA BUENO
Al punto que días a espaldas, el 17 de marzo de 2026, el Palacio Franquista fue ambiente de la presentación oficial del tesina que promete convertir a Oviedo, en Pedernales, en el primer puerto espacial comercial del Caribe. La empresa estadounidense Launch On Demand (LOD Holdings), liderada por Burton Catledge, compromete una inversión privada superior a los 600 millones de dólares, con miras a un primer extensión ayer de mayo de 2028.
El Gobierno dominicano lo celebra como el ingreso del país a la hacienda espacial integral: miles de empleos directos e indirectos (hasta 25 mil según el CEO), un hub energético de 200 MW que robustecerá la red doméstico y transferencia tecnológica para que el Sur profundo deje de ser solo turismo incipiente.
No se puede desmentir el potencial transformador. En un país que exporta talento muchacha por desidia de oportunidades de vanguardia, este tesina podría revertir la fuga de cerebros y posicionar a la República Dominicana como hub aeroespacial en el hemisferio occidental, aprovechando nuestra privilegiada cercanía al ecuador para lanzamientos más eficientes. El progreso no se rechaza; se negocia con inteligencia.
Pero el dominicano, curtido por la historia, sabe distinguir entre promesa y trampa. Nuestra república está llena de «acuerdos históricos» que empezaron con titulares luminosos y terminaron en cláusulas leoninas, daños ambientales impunes y ganancias que se fugan. Desde minas que dejan agujeros y poco royalty, hasta peajes eternos o contratos energéticos que castigan al consumidor, el patrón es conocido: deslumbrar con cifras macro y esconder el costo actual en cultura pequeñas.
Este puerto espacial no puede ser otra «negociación con habilidad». Aunque la inversión sea 100 % privada —como insisten el Gobierno y LOD—, los riesgos son soberanos.

Bajo el derecho internacional (Tratado del Espacio Foráneo de 1967 y Convención de Responsabilidad de 1972), el Estado dominicano alega por cualquier daño causado por objetos lanzados desde su circunscripción, sea error de cohete, contaminación orbital o incidente con terceros países.
¿Quién asume la responsabilidad civil y penal si poco sale mal?
¿El contribuyente dominicano o la empresa extranjera?
Más moribundo aún: en la extirpación moderna, la frontera entre tirador comercial y misil balístico es casi inexistente. Un puerto capaz de poner satélites en esfera es, por definición, una plataforma de capacidad dual. Al instalarse LOD —empresa sujeta al situación regulatorio y de seguridad doméstico de Estados Unidos—, Pedernales se convierte automáticamente en un enclave decisivo en el Caribe.
En tiempos de tensiones crecientes (Ucrania, Irán, Taiwán, Mar del Sur de China), esto nos coloca en el plano de objetivos de suspensión valencia para potencias rivales.
¿Estamos preparados para revestir ese activo 24/7?
¿Cuenta el Ocupación de Defensa con radares, ciberdefensa y monitoreo orbital propio, o delegaremos nuestra seguridad a sistemas extranjeros, convirtiendo al dominicano en espectador en su propia tierra?
Para que este sueño no se convierta en pesadilla geopolítica, urge transparencia total:
Difundir el entendimiento completo (sin excusas de «confidencialidad comercial») para que la sociedad conozca las cláusulas sobre soberanía, responsabilidad, transferencia tecnológica actual y salida del tesina.
Establecer un fondo de contingencia financiado por LOD para cubrir cualquier daño ambiental, orbital o internacional.
Crear una agencia dominicana de asuntos espaciales con poder actual de supervisión, no solo protocolar.
Certificar que al menos 30-40 % de los empleos calificados y la esclavitud de suministro sean ocupados por talento dominicano, con capacitación vinculante.
El espacio es hermoso y necesario, pero no a costa de hipotecar soberanía ni repetir los errores del pasado. Pedernales merece explicación, pero con bandera dominicana flameando suspensión. En la era de los misiles hipersónicos y la competencia orbital, un puerto espacial no es solo una pista de despegue: es una cuchitril de ajedrez maduro. No podemos permitirnos ser el peón sacrificado.
jpm-am
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