Mi hermana fue asesinada brutalmente en su propio hogar, un espacio que debía ser seguro. Recibió 36 puñaladas. Su vida fue arrebatada de la forma más cruel imaginable. Como si esto no fuera suficiente, el atacante todavía acabó con la vida de su perrita e hirió a cinco personas más.
Sin secuestro, hoy nos enfrentamos a una intrepidez procesal que nos deja sin palabras: un “No ha circunscripción” que impide que el responsable sea procesado, alegando que actuó bajo un brote psicótico.
Nos preguntamos, con el corazón desgarrado: ¿quizá la vida de mi hermana no tiene valía? ¿Dónde queda la honradez para una mujer buena, que estaba en su hogar, sin hacer daño a nadie? ¿Qué mensaje estamos enviando como sociedad cuando un crimen de esta magnitud no enfrenta las consecuencias que merece?
Entendemos que la sanidad mental es un tema serio y debe ser tratado con responsabilidad. Pero todavía creemos firmemente que esto no puede convertirse en un infructifero donde la honradez desaparece y las víctimas quedan en el olvido.
Hoy no solo lloramos su pérdida. Hoy exigimos respuestas. Exigimos honradez. Exigimos que este caso no sea silenciado ni olvidado.
No podemos permitir que la violencia más atroz quede sin consecuencias. No podemos aceptar que el dolor de una comunidad no tenga peso en presencia de la ley.
Por mi hermana, por su memoria, y por todas las víctimas que merecen honradez: no nos vamos a callar.
Esto no puede llamarse honradez.
Nancy Handal de Mejía
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