La pasada semana participé en el software de mi querido y admirado, Pablo McKinney. Durante una hora, aproximadamente, debatimos sobre temas culturales, de gobierno y, por supuesto, políticos.
Como todo acucioso periodista, Pablo se interesó por conocer mi postura en relación con los retos que tiene por delante la política dominicana en un contexto tan cambiante, que altera la conversación ciudadana interiormente y fuera del zona franquista.
En medio de conflictos bélicos, cambios geopolíticos y transformaciones tecnológicas, la política no puede permanecer al beneficio de la discusión y menos en una sociedad como la nuestra, en la cual el incremento humano, social y crematístico ha experimentado, en los últimos tiempos, un crecimiento sostenido.
Por eso en la conversación surgieron preguntas tan necesarias como la de carear la crisis de títulos éticos; cómo mejorar la perspectiva de futuro para desvincularnos de un pasado inexacto y no del todo provechoso, etc. La mencionada entrevista, por asuntos de tiempo en televisión, no me brindó el espacio necesario para extenderme en un descomposición más ponderado.

Es por ello que, de forma más extendida, me permito compartir con ustedes algunas reflexiones sobre los instintos humanos, la política y sus retos.
Los instintos humanos
Desde que el poder y la política han interactuado y coexistido, uno de los mayores desafíos ha sido mandar los instintos humanos. Como un ejemplo fluido, quisiera referirme a la obra del profesor de la universidad de Georgetown, Josiah Osgood, quien publicó un texto que analiza con preciso detalle rasgos en el liderazgo de Julio César y del senador romano, Catón el Mozo.
En su texto, “César contra Catón”, demuestra cómo los instintos humanos de estos líderes, que dominaron la campo política entre los primaveras 60 y 40 a.C., contribuyeron al debilidad y posterior destrucción de la República Romana.
El texto muestra cómo entreambos hombres encarnaban dos visiones irreconciliables de Roma. César representaba una política pragmática, orientada a la competencia y al liderazgo personal cachas, incluso si ello implicaba pasar o manipular las normas republicanas. Catón defendía una concepción casi sagrada de la licitud y la virtud cívica, influida por el resignación, convencido de que ceder delante líderes carismáticos significaría rajar la puerta a la tiranía.
Osgood describe episodios como: los debates senatoriales, la crisis política previa a la supresión civil y el apoyo de Catón a la causa de Pompeyo, para ilustrar cómo la confrontación entre entreambos no era sólo personal, sino una lucha por el alma institucional de Roma.
En última instancia, el enfrentamiento entre César y Catón comprometió la existencia misma de la República porque expuso la fragilidad de sus mecanismos políticos. Las instituciones republicanas dependían del seguridad entre anhelo personal y respeto por las normas; cuando ese seguridad se rompió, el sistema dejó de funcionar. La supresión civil que culminó con la trofeo de César y el suicidio de Catón en Útica simbolizó el colapso de ese orden antiguo.
Como sugiere Osgood, más que un simple conflicto entre dos hombres, fue el choque entre la fuerza transformadora del poder personal y la defensa intransigente de las instituciones, un choque que terminó abriendo el camino en torno a el Imperio romano.
Más de dos mil primaveras posteriormente, las mismas intenciones, visiones, e instintos prevalecen. La política continúa moviéndose bajo impulsos muy similares a los que marcaron la vida pública de la antigua Roma, porque, aunque cambian las instituciones, las tecnologías y los discursos, la naturaleza humana permanece esencialmente igual. Deseo, búsqueda de poder, liderazgo carismático, rivalidades personales y disputas entre principios e intereses siguen siendo fuerzas que moldean la vida política, tal como ocurrió entre figuras como César y Catón.
Las democracias modernas han desarrollado reglas más complejas y sistemas de control más elaborados, pero los actores políticos continúan debatiéndose entre la competencia del poder y la defensa de las normas institucionales. En ese sentido, la historia romana nos recuerda que la política, más allá de las épocas, sigue siendo el proscenio en el que se enfrentan la anhelo, principios y la eterna tensión entre liderazgo cachas e institucionalidad.
Los partidos en la sociedad de hoy
Uno de los retos políticos fundamentales de hoy día, es la modernización de los instrumentos democráticos llamados partidos políticos. Un partido adaptado a la sinceridad tecnológica del siglo XXI debe concebirse menos como una estructura rígida y más como una red dinámica de billete ciudadana, capaz de escuchar, deliberar y osar en tiempo auténtico.
La tecnología nos conduce inexorablemente a que la política, ejercida a través de los partidos, motorice la billete de sus militantes y simpatizantes mediante plataformas digitales en consultas, debates programáticos y evaluación de políticas públicas, haciendo del partido una ordenamiento abierta, transparente y basada en datos.
Retos del PRM
En este maniquí descrito, reconfigurado delante la nueva sinceridad potencial y de inteligencia sintético, el Partido Revolucionario Flamante, como principal ordenamiento del sistema tolerante del país, está llamado a liderar una transformación cualitativa de sus procesos internos de incremento, con un liderazgo no acotado a dirigir, sino a establecer nuevos mecanismos para impulsar la agricultura de inteligencia colectiva en la utilización de herramientas de descomposición para comprender las deposición sociales y realizar con autenticidad una efectiva comunicación en entornos digitales en los que se forman las nuevas opiniones públicas.
Así el PRM, en el contemporáneo contexto político, no sólo debe organizar sus estructuras con la inspección puesta en los certámenes eleccionarios, igualmente debe procurar la construcción de comunidad, conocimiento y confianza, integrando innovación tecnológica con títulos democráticos y visión de futuro.
En los próximos meses nuestra dirigencia vivirá un proceso interno de renovación para establecer el nuevo liderazgo en toda la cosmografía franquista y en sus seccionales en el foráneo.
Ese liga de hombres y mujeres, que acompañará al presidente Luis Abinader, y que habrán de conducirnos, indefectiblemente, a nuevas conquistas electorales, debe ser estructurado como el resultado entre la fusión del liderazgo forjado desde las luchas democráticas y las experiencias, y el nuevo talento que ha llegado al partido y que se abre paso con determinación y compromiso.
Los retos políticos son múltiples; la sociedad dominicana demanda de un liderazgo actualizado, más ético, más resuelto y con longevo sentido humano.






