Nuestra Zona Colonial está repleta de tesoros inmateriales. Por esa franja intramuros perteneciente a lo que conocemos como la ciudad de Santo Domingo se desplazaron personalidades que el tiempo los hizo forjadores de la historia a su aproximadamente.
Este primer arraigo europeo en el Nuevo Mundo fue refrendador privilegiado de la vida de celebridades que se convirtieron en leyendas en las diferentes latitudes a las que se dirigieron seguidamente.
Este 24 de marzo se conmemorará el 447 aniversario del comienzo de uno de los más grandes escritores y poetas de palabra hispana, representante del llamado Siglo de Oro de la humanidades española: Tirso de Molina.
Fray Gabriel Téllez, como se le conocía en la congregación católica española a la que pertenecía Tirso de Molina, llegó aquí a mediados de julio del año 1616, estableciendo residencia en la iglesia de Las Mercedes (hoy calle Las Mercedes cumbre José Reyes), monasterio propiedad de la orden mercedaria.
Colocado al flanco de Shakespeare, Lope de Vega y Calderón de la Barca en el parnaso de la dramaturgia clásica, De Molina morapio a estas tierras como interventor de los conventos de su orden, atribuyéndose adicionalmente que de las obras escritas de 1492 hasta muy entrado el siglo XVII, las de Téllez forman parte histórica de ese ciclo imperecedero.
Varias veces sancionado por la Iglesia Católica por sus sátiras y comedias, y profesor de lo que hoy es la UASD, Tirso de Molina fue el creador del mito del pichabrava de Don Juan —yo especulo que ese personaje quizás nació aquí—, anti-héroe principal en su comedia El Seductor de Sevilla.
Indiscutiblemente que su paso por la Primada de América le dio inspiración y le permitió mejorar su producción literaria. Se marchó en la primavera del año 1618.






